RUTAS TRONCALES - BOGOTA - CUCUTA - SAN CRISTOBAL

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Esta ha sido llamada también la "Ruta de los Libertadores", con cierta inexactitud por cuanto el ejército patriota tuvo más directa relación con la antigua ruta Duitama-Pamplona (y el ascenso del Llano por Pisba), hoy en desuso. Es la vía que une a Colombia con el centro de Venezuela.

El primer tramo comprende un segmento de la Sabana y parte de Boyacá, que han sido ampliamente tratados en los alrededores de Bogotá y en el Circuito de Boyacá. El caso es que al prolongar la vía Bogotá- Chiquinquirá (salida por la autopista Norte, desviando en La Caro hacia Zipaquirá), en dirección a Puente Nacional y de ahí a Barbosa (52 Kms. sin pavimentar); o bien, yendo por Tunja y continuando hacia Arcabuco-Moniquirá-Barbosa (por la carretera troncal), las dos vías coinciden en este último punto y de ahí se proyectan rumbo a Bucaramanga. De Villa de Leiva hay también camino directo a Arcabuco, sin pasar por Tunja.

En vecindad de la zona está la provincia de Vélez, famosa por sus fábricas de bocadillos de guayaba, cuya producción se ofrece en todos los poblados que dan sobre la carretera. En Barbosa hay otra tradición de golosinas, arequipes y quesillos. Aquí termina Boyacá y se entra a Santander. El tramo siguiente hasta Oiba fue el último que se pavimentó de la troncal, tras años de esfuerzo. No hay muchos servicios en la carretera y conviene recorrerlo de día. Muy cerca, tanto en Socorro como en San Gil, hallará en cambio buenos sitios para comer y sendos hoteles, agradables para pasar la noche (vale la pena pernoctar por aquí, porque en la zona hay mucho qué ver de la historia de finales del siglo XVIII).

Socorro es la antigua capital de una de las provincias más importantes del último medio siglo colonial y el comienzo de la República, cuando era el centro pre-industrial de tejidos y pequeñas manufacturas, y gran productor de tabaco. Precisamente el aumento de las alcabalas hasta niveles confiscatorios fue el detonador del alzamiento de los comuneros en l.781, sangrientamente reprimido por las autoridades virreinales. Esa revolución tuvo aquí su epicentro: Antonia Santos, José Antonio Galán, Berbeo, el Canónigo Rosillo y otra serie de patriotas del Común y de la Independencia, dejaron aquí sus huellas. Sus oponentes - los Virreyes Caballero y Góngora y Sámano - también. Varias casas de la población fueron ocupadas por algunos de estos personajes y por otros no menos ilustres, Bolívar entre ellos. Vale la pena visitar la Casa Consistorial, el Panteón, los Estancos Reales, la Catedral y la Iglesia de Chiquinquirá. Existe también la sede de una de las más antiguas Logias del país.


San Gil es otro centro regional, económicamente muy dinámico, con buenos servicios. El Parque del Gallineral, a la entrada, sobre el río Fonce, es un hermoso jardín con muchos árboles "gallineros", cargados de barbas y musgos en un escenario natural sorprendente y agradable, con abundantes corrientes de agua. De aquí conviene escaparse a Barichara, a una hora por carretera destapada (cuente dos y media entre ir y volver) cuya salida le indicarán los vecinos del pueblo. (Encontrará unos kilómetros adelante un desvío al lado de una imagen de la Virgen, sin señalización: tome a su derecha). La población entera es Monumento Nacional. Casi toda la arquitectura es del siglo XVIII. Merecen verse la Catedral en piedra, la casa del Presidente Aquileo Parra, el Cementerio y los talleres de picapedreros del vecindario. Vaya finalmente a la Casa de la Cultura, donde puede tomar un refrigerio. Si su vehículo resiste bien la carretera sin pavimento, anímese a seguir a Zapatoca, para proseguir por allí mismo (dos horas) hasta Bucaramanga. Zapatoca interesa en conjunto como pueblo prototípico de Santander, muy animado, con una importante catedral, un cementerio con algunos muertos legendarios ( Leo Von Lengerke fue un alemán que hizo historia en la región ) y lindas artesanías. O si prefiere una ruta cómoda, regrese a San Gil. Más adelante de ésta cruzará Aratoca, otra población pequeña de sabor castellano y una bella iglesia; y de ahí se encaminará luego hacia el Cañón del Chicamocha, uno de los paisajes más exóticos y extraños del país. Deténgase en el mirador. De allí a Bucaramanga se asciende por curvas cerradas, de alta accidentalidad: evite sobrepasos arriesgados y conduzca con cautela. Diez minutos antes de Bucaramanga está San Juan de los Caballeros de Girón, otra bella ciudad-Monumento de la época colonial, que se preció siempre de su pureza hispánica (ello otorga al conjunto cierta unidad de estilo, mayor que el de otras ciudades coloniales). Todo el poblado es un tesoro de arquitectura, pero merecen visitarse la Ermita, la catedral y el Museo de Arte Religioso. Hay un buen hostal en el pueblo y un hotel en las afueras.

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