TURISMO AVENTURA - LLANOS Y ORINOQUIA

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El amplio territorio que se extiende entre el "pie de monte" de la Cordillera Oriental y la frontera con Venezuela está formado por los "Llanos Orientales" y la Orinoquía, una inmensa llanura de más de 250.000 kilómetros cuadrados, cubierta casi toda por pastos naturales, con manchas frecuentes de "bosques de galería". Y uno que otro sector de cultivos de arroz, palma africana y oleaginosas, en proximidad de los ríos y no demasiado apartados del "pie de monte".

Los ríos mayores -Arauca, Casanare, Meta, Tomo, Vichada, Guaviare, Inírida y sus numerosos afluentes -, pertenecen a la vertiente del Orinoco. El sector comprendido por los dos últimos citados y el Vaupés, deja de ser "sabana" y forma una selva transicional entre el Orinoco y el Amazonas. Con esta excepción, los inmensos pastizales sirven en su mayor parte para ganadería extensiva: fundos de miles de hectáreas, distancias de muchas horas de camino entre un lugar habitado y otro, poca gente, inexistencia de cercos o demarcaciones. Toda la región se somete dos veces al año a fuertes contrastes climáticos: lluvias torrenciales que provocan inundaciones, alternadas por largas sequías que causan voraces incendios.

El medio y sus habitantes tienen mucho en común con los Llanos de Venezuela: historia regional, paisaje, indumentaria, bailes y cantos. ( Y a propósito: los joropos, amenizados por pequeños conjuntos de cuerda, incluyen dos instrumentos muy locales: el más pequeño - el cuatro- es una especie de tiple minúsculo. El más grande - el arpa - es una herencia de los jesuitas y resulta toda una paradoja, por lo inapropiada a un medio donde todo se mueve a caballo y a grandes distancias. El caso es que la música llanera es una de las mejor caracterizadas del país.)

El Llano tradicional:

El eje principal de los Llanos es el Río Meta, que los cruza en diagonal desde el centro de Colombia en dirección Nordeste y recoge en su camino una larga serie de ríos cordilleranos. La parte tradicional está entre el Meta y la Cordillera Oriental, asiento de varias de las haciendas jesuíticas anteriores a la primera expulsión de la Compañía en 1.867, y de grandes hatos (algunos, como el de San Pablo, sobre el Cravo Sur, admiten grupos organizados de turistas; una curiosidad de este lugar es que cría búfalos junto con la faena ganadera tradicional). Esta es una zona que vivió siempre en estrecho contacto con el centro del país andino; en Casanare se reorganizaron las fuerzas que Santander le aportó al Ejército Libertador y que fueron la clave del triunfo en l.819.

Por este sector llanero, pero muy recostado al "piedemonte", se puede cumplir un circuito terrestre.

Entrar por Villavicencio (a dos horas y media de Bogotá, buena carretera), ciudad principal pero aún demasiado fronteriza a la vida del Llano propiamente dicho (hay buenos hoteles por el intenso movimiento ganadero y comercial).

De Villavo se puede seguir Llano adentro, o volver hacia Bogotá por la "vía alterna".

Entrar por cualquiera de dos carreteras al Norte, en el Departamento de Boyacá:

La primera desciende de la región del Lago de Tota (asfaltada únicamente hasta allí), entra por Aguazul, desde donde se puede proseguir a Yopal o tomar en dirección de Mani, una bella región para descanso a orillas del Cusiana, a partir de la cual es posible embarcarse por el río (dejando el vehículo) para descender al Meta rumbo a Orocué; o, en fin, de Aguazul se continúa el circuito terrestre por el piedemonte hacia Villavicencio (vuelve a haber asfalto en Cumaral).

La segunda entrada boyacense es más corta que la anterior: entra por Guateque-Chivor-Santa María ( se llega a Guateque tomando la carretera al Valle de Tensa, en el trayecto Bogotá-Tunja, inmediatamente después del embalse del Sisga), cruzando una región de extraordinaria belleza escénica en el sector de la represa de Chivor. La primera población llanera es San Luis de Gaceno, de donde se va a Villanueva, un municipio de extraordinaria vitalidad, a partir del cual se está en la carretera "alterna" hacia Villavicencio, por Barranca de Upía- Cumaral, igual que en el caso anterior.

Los recorridos anteriores son fáciles de hacer en cuatro días desde Bogotá, cruzando largos tramos de carretera sin asfaltar, en buen estado, con mucho polvo y ausencia casi total de servicios.

Fuera del circuito del "piedemonte", a partir de Villavicencio se puede explorar el Llano en paralelo al Río Meta, vía Puerto López (85 Kms. pavimentados) y Puerto Gaitán (110 Kms. más, sin pavimento. Escasea la gasolina de aquí en adelante). En este tramo hay buenos lugares de pesca y playones para hacer camping, a orillas del Meta mismo y del Río Yucao. Mayor interés presentan adelante Orocué-El Porvenir-Carimagua. ( A mitad de este trayecto la carretera desmejora progresivamente). Orocué es la mitad del curso del Meta. Para llegar por carretera es necesario cruzar el río en ferry -por lo cual conviene llegar de día -, a unos 320 kms. de Villavicencio.

También existen vuelos regulares. Típica población llanera, fue puerto importante de navegación internacional hasta la segunda Guerra Mundial. Conserva las casas de varios consulados y una vieja Base Naval que fue transformada en hotel y que funciona a medias (se anuncia que va a ser mejorada). Hay tres comunidades indígenas Sálivas cercanas, con interesante artesanía. En frente, a menos de una hora, existen una bella laguna y una estación agrícola (Carimagua), de mucho interés. Y a partir de este lugar, a unos 40 Kms. camino por la sabana apartándose del Meta y en dirección del Vichada (74 Kms. desde Orocué - no olvidar el ferry -), se llega a Gaviotas, otra estación experimental de tecnologías apropiadas para hidroponía, reforestación, generación eléctrica y energía solar. Hay buen alojamiento, previo arreglo con el Centro Gaviotas en Bogotá. Bastante más lejos, a muchas horas de viaje, se encuentra la entrada terrestre del Parque del Tuparro. (Hasta aquí habría recorrido 627 Kms. desde Puerto Gaitán, por caminos de sabana, muy difíciles de seguir en invierno). Gaviotas y el Tuparro también tienen pistas en servicio para vuelos especiales.

El Sector Ariari-Guayavero-La Macarena:

Una segunda porción del Llano, más hacia el sur, la constituyen los ríos Ariari y Guayabero (que al unirse forman el Guaviare), por entre los cuales se ha venido dando la colonización más reciente, que hoy avanza más allá de las sabanas, hacia el territorio selvático. Los atractivos de esta zona están principalmente en la Serranía de la Macarena, una formación montañosa que pareciera ser el último y más grande de los "Tepuyes" del escudo guyanés en territorio de Colombia.

Según los entendidos, se trata de uno de los hitos naturalísticos más importantes del continente, con una flora y fauna muy particulares (se destaca una concentración de especies de aves - más de 450-, sin paralelo a nivel mundial). Fuera de ser el paraíso de los ornitólogos, la Sierra es de una prodigiosa belleza paisajística: caños y ríos cristalinos ( Río Guéjar, Caño Cristales), raudales ( Angostura I en el Guayabero y Caño Cafre, en cuyos bordes rocosos abundan los petroglifos). Hay también enormes cascadas, difíciles de apreciar a pié por lo arriscado del terreno. (Tome nota de que hay sectores de la Macarena que presentan inseguridad.) Se accede a la Sierra por la carretera Villavicencio-San Martin-Granada, desviando en este punto hacia San Juan de Arama.

Otro programa de excursión consiste en penetrar al fondo sur del Llano, continuando de Granada a Puerto Lleras y de allí a San José del Guaviare.

Esta es una región frontera de colonización, que amerita una visita combinada con Araracuara (ver Amazonía), tomando en San José el avión para el último trayecto. Cerca a San José hay las mejores huellas rupestres del país: petroglifos y pinturas.

 

El Llano remoto - la Orinoquía:

Ya en el extremo oriental del país, hay tres localidades de interés para el turismo de aventura, cuya visita debe planearse necesariamente por avión, desde Bogotá (o Villavicencio), o accediendo a ellas por Venezuela. (Hay un gran proyecto vial inconcluso que da posibilidad de llegar por tierra a Puerto Carreño en verano, pero son 650 kms. de carretera en mal estado desde Puerto Gaitán, con muy malos servicios). Se trata pues de destinos costosos por la enorme distancia y porque una vez en la zona se requiere disponibilidad para recorridos largos, donde incide mucho el alto precio local de los combustibles.

Puerto Carreño

Está en la confluencia del Meta en el Río Orinoco. Es un pequeño poblado, pintoresco, con hospedajes bastante modestos, desde donde se puede remontar el Orinoco en lancha o "voladora" como allí se les llama. Si tiene interés de llegar hasta Puerto Ayacucho (capital venezolana del Estado de Amazonas) recuerde hacer gestiones en la Embajada de Venezuela en Bogotá o intentar el permiso con el Consulado en Puerto Carreño. En el trayecto fluvial tienen interés la desembocadura y los playones del Río Vita y el poblado Guaripa, de los indios guahíbos. Casi al salir de Carreño es preciso superar el primero de varios bellísimos raudales del Orinoco.

El paisaje del río es muy distinto al de sus congéneres de los Llanos y la Amazonía, cuyos cauces suelen ser lentos, muy anchos, sobre lechos fangosos. Este es en cambio un río de gran fuerza, que corre veloz por entre un lecho de roca viva. El ancho de unos trescientos cincuenta metros es sorprendentemente reducido, puesto que ya ha recibido más atrás ríos inmensos como el Guaviare, el Vichada y el Tomo, cada uno tan ancho como el Orinoco mismo ( lo que explica su enorme profundidad: 60 metros en verano a la altura de Puerto Carreño ). A ambos lados del río a medida que se asciende surgen entre los pastizales enormes moles de piedra, como montañas, muy típicas del Escudo Guyanés.)

Al sur de Puerto Ayacucho se encuentran los famosos raudales de Maipures, que Humboldt calificó como la Octava Maravilla del Mundo, imposibles de sortear navegando (hay carretera del lado venezolano). Frente al raudal está el Parque del Tuparro, ya mencionado atrás, cuyos límites van de la desembocadura del Tomo (al norte) a la del Tuparro (al sur). El Parque está en territorio de los indios Guahibos, y es muy rico en primates araguatos, monos maiceros cariblancos y cachones; perros de agua y nutrias; pumas; osos hormigueros; ardillas; venados; paujiles, guacharacas, mochuelos y alcaravanes; tortugas terecay, caimanes del Orinoco y babillas; peces osteoglosos, caribes, cachamas y palometas. (Hay cabañas del Inderena y guianza dentro del Parque)

Puerto Inírida

Está más al sur del Tuparro, sobre el río del mismo nombre. ( Preferible llegar en avión, desde Carreño o como destino de viaje desligado del anterior). Este es el corazón de la selva transicional entre el Orinoco y la Amazonía. El poblado mismo tiene interés como sitio de colonización dirigida (es la única localidad de la selva "planeada" como ciudad y hay al menos dos hotelitos de turismo frecuentados por pescadores). Pero el atractivo verdadero está en una amplia región circundante. El primero ellos, de indescriptible belleza, está a unas dos horas en voladora aguas arriba - El Remanso -, poblado indígena muy llamativo por la calidad y disposición de las viviendas, que indican una remota migración desde los Andes; y por estar enfrente de una curva del río entre dos gigantescas moles graníticas (Mavecuri), totalmente inesperadas entre la selva absolutamente plana.

El río forma grandes playones de arena blanca. (Hay posibilidad de acampar o de dormir en hamacas en un tambo comunitario muy amable. La comunidad es pobre, pero muy hospitalaria.) Aguas abajo, a diez minutos de Puerto Inírida, el río desemboca en el río Guaviare, con mejores condiciones de pesca que el anterior. Y una hora después, éste último llega a un lugar singularísimo, verdadera curiosidad geográfica e imponente paisaje, al que Humboldt denominó la "Estrella fluvial del Sur". Este es el verdadero nacimiento del "gran Orinoco" por la confluencia del Orinoco mismo, hasta aquí un río relativamente menor, que viene desde Venezuela; el Atabapo, que viene del sur, haciendo frontera entre los dos países; y el Guaviare, que llega desde el lado colombiano. Los tres ríos se juntan en un radio de apenas tres o cuatro kilómetros.

San Felipe

Volando de Puerto Inírida hacia el sur, existe otro lugar muy especial que merece visitarse sobre el Río Negro, el primero de los grandes ríos de la cuenca del Amazonas, todavía en frontera con Venezuela pero ya muy cerca del Brasil. Aquí hay dos curiosidades: el pié del poblado de San Felipe, las ruinas del único fuerte español en territorio de la selva, desde donde se tenía el control de paso fluvial para cualquier embarque o desplazamiento militar que tuviera origen en los dominios de Portugal. Es un pequeño reducto de murallas de dos o tres metros de altura, alrededor de un patio central de unos ochenta metros por cada costado, con un par de baluartes cuyos cañones fueron a parar al puesto de la Guardia Venezolana, al otro lado del río. Navegando el Río Negro hacia el norte, a media hora de San Felipe, se encuentra una de las curiosidades geográficas más raras del mundo , que fue el motivo del histórico viaje de Humboldt por el Orinoco: el puente de unión entre la cuenca orinoquesa y la amazónica. El Brazo o río Casiquiare, que sale del Río Negro, permite cerrar el circuito de navegación que comienza desde el Atlántico por el Brasil, entrando por el Amazonas; se desvía antes de Manaos por su principal afluente hacia el Noroeste, y pasa luego por el Casiquiare al Orinoco, para desembocar de nuevo al Atlántico por Venezuela.

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