El
mundo de Internet
es como una
selva… y éste
es el león
Amazon.com
Jeffrey
Preston
Bezos
Cada
vez que
un gran
cambio sacude
nuestra
economía,
hay algunas
personas
capaces
de percibir
el temblor
mucho antes
que los
demás.
Para ellos,
esas vibraciones
son tan
intensas
que se sienten
obligados
a actuar,
a riesgo
de parecer
temerarios
e incluso
estúpidos.
Cornelius
Vanderbilt
poseía
una empresa
de transporte
marítimo,
pero abandonó
el barco
cuando se
percató
de la llegada
del ferrocarril.
Cuando las
computadoras
todavía
eran una
rareza para
la mayoría
de la gente,
Thomas Watson
Jr. presintió
que algún
día
serían
ubicuas
y se jugó
la compañía
de máquinas
de oficina
fundada
por su padre,
IBM.
Jeffrey Preston
Bezos tuvo
esa misma
experiencia
cuando se
asomó
por primera
vez al laberinto
de computadoras
conectadas
conocido como
la World Wide
Web y se dio
cuenta de
que se encontraba
cara a cara
con el futuro
comercial.
No fue el
único:
Pierre Omidyar,
el fundador
de eBay, la
casa de subastas
en Internet,
también
supo reconocer
aquella mina
de oro. Pero
Bezos vislumbró
un completo
universo comercial
en línea,
y su sitio
Amazon.com
era tan elegante
y atractivo
que desde
el primer
día
se convirtió
en el punto
de referencia
para cualquiera
que quisiera
vender productos
en Internet.
Y claro, todo
el mundo quería
hacerlo.
Hubo un tiempo
en que Bezos
solía
decir, si
tuviera una
moneda de
5 centavos
por cada inversionista
que no creyó
en mi idea
,
dejando la
frase sin
acabar con
cierta ironía.
Ahora, en
cambio, la
termina con
una carcajada
llamativa
y contagiosa,
y es fácil
ver por qué:
la semana
pasada, Bezos
tenía
más
de 200 mil
millones de
esas monedas.
Pero si bien
la recompensa
económica
es más
que suficiente,
¿cómo
realmente,
es posible
compensar
a un hombre
capaz de ver
el futuro?
Tal vez introduciéndole
en el club
de hombres
y mujeres
que, para
bien o para
mal
han tenido
mayor impacto
en un determinado
año.
Jeff Bezos,
bienvenido
al club del
Personaje
del Año
de TIME. Como
corresponde
a un empresario
de esta nueva
era, a los
35 años
se encuentra
entre los
miembros más
jóvenes,
precedido
solamente
por Charles
Lindbergh,
elegido en
1927 a los
25 años;
la Reina Isabel
II, que llegó
a la lista
en 1952, a
los 26 años;
y Martin Luther
King, que
tenía
34 años
cuando fue
seleccionado
en 1963. Un
pionero, un
revolucionario
y una soberana:
noble compañía
para el incuestionable
rey del cibercomercio.
Hablando de
nombres, Amazon
es la elección
perfecta.
Entre otras
cosas, porque
su símbolo
en Bolsa,
AMZN, podría
leerse también
como abreviatura
de amazing
(en inglés,
alucinante.
El río
Amazonas,
con su sinfín
de afluentes,
es una metáfora
ideal para
esta compañía
que vende
de todo, desde
taladros hasta
CDs, y que
busca incansablemente
nuevas sectores
de expansión.
Se podría
decir que
Bezos no avanzó
más
que un paso
en la evolución
del comercio,
que sólo
ha reemplazado
las tiendas
independientes
por un gran
sistema centralizado
de ventas.
Pero incluso
si esto fuera
su único
logro, todavía
sería
enorme,
para usar
una de sus
palabras favoritas.
Los minoristas
tradicionales
como K Mart,
deben gastar
millones de
dólares
en la construcción
de tiendas
para atraer
a sus clientes.
Bezos puede
ampliar su
clientela
sin apenas
costos adicionales.
A pesar de
todo, Amazon.com
sigue en números
rojos. Quizá
sea ésta
la única
cosa que la
gente sigue
sin comprender
sobre la revolución
del comercio
electrónico.
Si es tan
buen negocio,
¿porqué
pierden tanto
dinero? Amazon,
la compañía
que todos
quieren imitar,
perderá
casi 350 millones
de dólares
este año.
Ya sabemos
que Internet
es diferente,
pero ¿acaso
no cuentan
ya las pérdidas
y los beneficios?
Pues sí,
todavía
importan.
Bezos insiste
en que el
negocio inicial
de Amazon
-libros, música
y vídeo-dará
beneficios
para finales
del 2000.
Pero las pérdidas
de Amazon
también
son un signo
de la nueva
economía
del comercio
electrónico.
Las nuevas
reglas se
basan en el
flujo de información,
en la idea
de que en
el nuevo mercado
global el
ganador es
el mejor informado.
Antes, la
información
estaba en
manos de los
comerciantes,
pero los compradores
de hoy son
cada vez más
listos. En
sitios como
mysimon.com
es posible
ir de compras
y buscar no
sólo
en Amazon,
sino en otras
dos docenas
de librerías
para encontrar
el mejor precio
para un libro.
En los próximos
años
o meses-
tal vez podremos
hacer lo mismo
para casi
cualquier
producto:
vino, CDs,
hasta órganos
humanos.
Nadie entiende
mejor cómo
funciona la
informanía
que eBay,
la casa de
subastas por
Internet fundada
hace cuatro
años.
El milagro
de eBay no
consiste en
que nos permite
ganar dinero
con nuestros
trastos viejos,
sino en que
ha cambiado
la forma de
fijar los
precios. En
eBay los clientes
deciden cuánto
vale un objeto.
Recientemente,
una tienda
de antigüedades
puso a la
venta en eBay
una vieja
calculadora
por 100 dólares.
A los pocos
días,
el precio
había
subido a 6
mil 500 dólares.
Los anticuarios
no tenían
ni idea de
que tenían
una joya semejante.
Pero la economía
de la Red
ayudó
a fijar el
precio objetivo.
Cuando se
trata de calculadoras,
no es más
que una anécdota.
Pero si aplicamos
este principio
a las ventas
minoristas
de todos los
días,
nos hallamos
frente a una
revolución.
El concepto
del precio
fijo sólo
tiene 100
años
de antigüedad.
La última
revolución
del sector
fue las ventas
por correo,
iniciadas
por el gran
almacén
Sears, Roebuck
a finales
del siglo
pasado. Las
ventas por
catálogo
legitimizaron
el concepto
de los precios
fijos, ya
que el comprador
y el vendedor
a menudo se
encontraban
separados
por miles
de kilómetros
de vías
de ferrocarril.
Pero en la
era cibernética,
compradores
y vendedores
cuentan con
líneas
de fibra óptica
que casi eliminan
esas distancias.
Hoy los consumidores
están
a nanosegundos
de distancia
de sus tiendas
favoritas
y, a veces,
la velocidad
puede ser
mortal: para
la vieja economía,
para las viejas
compañías
y para las
viejas reglas
del juego.
Bezos está
luchando para
asegurarse
de que Amazon
no sea una
víctima
más.
Incluso cuando
se adelanta
a los competidores
como eBay
metiéndose
en el negocio
de las subastas
(vinculándose
con la prestigiosa
Sothebys),
al mismo tiempo
está
intentando
convertir
a Amazon en
un nuevo modelo
de compras:
cuando compramos
un libro,
nos da una
lista de productos
comprados
por otros
clientes que
adquirieron
ese libro.
Los usuarios
también
pueden enterarse
de los libros
más
populares
en su empresa
o en su ciudad.
Con pulsar
el ratón
cinco veces
desde la página
inicial de
Amazon, descubrimos,
por ejemplo,
que los tres
libros más
vendidos en
los Alamos,
Nuevo México
(uno de los
centros de
la investigación
nuclear en
Estados Unidos),
son la biografía
de un espía
alemán
oriental,
un libro sobre
el mercado
negro para
material nuclear
y una historia
del espionaje
soviético.
El entorno
digital
tiene un
aire sorprendentemente
humano.
Amazon no
es una tienda
desierta
e impersonal;
permite
a los lectores
expresar
sus opiniones
e intercambiar
anécdotas.
Mientras
leemos una
erudita
reseña
literaria
escrita
desde Bangladesh,
comprendemos
el poder
de la idea
de Amazon.
Es un sitio
vital, poblado
por innumerables
fuentes
de creatividad
e inteligencia.
¿Quién
hubiera
imaginado
que las
compras
electrónicas
pudieran
estar tan
llenas de
vitalidad?
Y si esto
es un indicio
de un mundo
electrónico
todavía
por venir,
un lugar
donde la
tecnología
nos permitirá
comprar,
comunicar
y reducir
las distancias
entre nosotros,
entonces
Jeff Bezos
ha hecho
mucho más
que construir
una tienda
en Internet.
Ha contribuido
a poner
los cimientos
de nuestro
futuro.
Compilación
Bibliográfica
y Traducción
Por Federico
Durán Soto
- ©
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