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La
fecundación, llave de la supervivencia de nuestra especie, nos permite
transferir nuestros genes de generación en generación. Este sorprendente
evento de la naturaleza se puede resumir en un simple proceso, la unión
de la célula masculina o espermatozoide con la célula femenina u
óvulo. Pero para que esta unión se de, una serie de eventos previos
tienen que ocurrir. Todos
los meses, aproximadamente 14 días antes de la siguiente menstruación,
el óvulo luego de un proceso de maduración es expulsado del ovario
e ingresa a las trompas de Falopio (Fig. D). Impulsado por pequeños pelillos
que cubren el interior de las trompas, el óvulo se moviliza en dirección
al útero. El óvulo con un diámetro de sólo 1 milímetro,
cuenta con alrededor de 24 a 48 horas de vida para ser fecundado por un espermatozoide,
en caso contrario, este muere, desintegrándose en la cavidad uterina. Sólo
si el coito se realiza durante los días previos a la expulsión del
óvulo y dentro del periodo de vida de este, existe entonces la posibilidad
de fecundación. Ahora
pasemos al hombre. Más de 500 millones de espermatozoides se forman diariamente
en los túbulos seminíferos en cada testículos. Para su formación,
estos requieren una temperatura de 35.5-36.5°C. Una vez desarrollados son
almacenados en los epidídimos. Durante
el acto sexual y luego de llegar al orgasmo, el hombre eyacula. Alrededor de 120-600
millones de espermatozoides pasan de los epidídimos a los conductos deferentes
que los transporta a la vesícula seminal correspondiente y luego a la próstata
(Fig. A). La vesículas seminales y la próstata proporcionan el vehículo
líquido en que van suspendidos los espermatozoides. La combinación
de espermatozoides y líquido seminal forman el líquido blanquecino
conocido como semen (Fig. B). Finalmente, el semen pasa a la uretra y mediante
intensas contracciones musculares ocasionadas por el orgasmo, el semen es expulsado
por una ranura al final del pene llamada meato. (Fig. C ) Al
ser eyaculados, los millones de espermatozoides juntos con el semen son depositados
en la vagina (Fig. C). Es aquí donde empieza el largo camino en dirección
al óvulo. Los espermatozoides con un tamaño de apenas 0,05 mm y
a una velocidad de 3 cms. cada 10 minutos, se movilizan rápidamente hacia
el interior de la mujer. Impulsados por su cola y principalmente por las contracciones
del útero, las cuales succionan a los espermatozoides hacia el interior
del útero, se dirigen en búsqueda del óvulo (Fig. D y E).
Los
espermatozoides tienen que superar muchos obstáculos en su afán
de alcanzar el óvulo. El primero de los retos lo presenta la vagina. La
vagina posee un medio bastante hostil para las células masculinas. Los
fluidos vaginales son altamente ácidos en composición, lo cual mata
a un gran número de espermatozoides. Los que logran sobrevivir, pasan por
el cuello uterino al útero. Durante el periodo fértil, la mucosidad
del cuello uterino permite el paso de los espermatozoides, normalmente este es
impenetrable (Fig. E). Una vez en el útero, los espermatozoides se dirigen
por las trompas de Falopio. Muchos espermatozoides mueren al dirigirse por la
trompa incorrecta. Sólo en la trompa correspondiente al ovario que ha ovulado
se encuentra el óvulo, escondido entre un laberinto de repliegues que forman
las trompas. (Fig. F) Luego
del largo viaje, alrededor de 1,500 - 5,000 espermatozoides encuentran el óvulo,
cada uno intenta incesantemente penetrar la membrana que lo cubre. Los espermatozoides
rodean el óvulo buscando la parte mas accesible para poder introducirse.
Ayudados por una enzima que segregan, sólo un espermatozoide es capaz de
penetrar la membrana del óvulo, y una vez que logra superar la barrera,
la membrana se cierra evitando el paso a otros. El espermatozoide "ganador"
se une con el núcleo del óvulo concretándose la fusión
de los genes del espermatozoide con los genes del óvulo, logrando así
el inicio de la formación de un nuevo ser humano que comparte las características
hereditarias de los progenitores. Finalmente,
el óvulo fertilizado empieza a experimentar una serie de transformaciones
y culmina implantándose en la mucosa interna del útero donde se
nutrirá y desarrollará hasta formar el feto.
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