| | |
LOS
AFRODISIACOS Se
crea en los mitos o no, para nadie es un secreto que unas de las figuras que más
denotan erotismo es sin duda la diosa griega Afrodita. Son muchos los mitos que
se tejen en torno a la diosa desde el mismo momento de su nacimiento. Según
la leyenda, Afrodita nació a partir de los genitales de Urano amputados
por su hijo Cronos y lanzados al mar. De la espuma creada por los genitales, nació
la diosa. Uno de sus grandes atributos era un cinturón que tenía
el don de encender en amores al que lo portaba.
El origen del nombre de
la diosa deriva de la palabra griega Aphros: espuma. Sin embargo, se sabe que
también es llamada de otras maneras. Entre estos nombres, los más
enigmáticos resultan Filomédea (medea: genitales), Pandemia (del
amor vulgar), Kalliglouteos (dotada de hermosos glúteos), Porné
(la meretriz) o Andrófonos (asesina de hombres). Pero sin duda, el nombre
que más misterio genera es el de Doloplokos (la tejedora de engaños).
Son a estos engaños a los que se refiere Safo de Lesbos (600 AC) en el
fragmento 1 de su Plegaria a Afrodita. Allí escribe: "Afrodita inmortal
de rico trono, hija engañadora de Zeus, te ruego, no me turbes con penas
y preocupaciones el alma, señora".
Se hace referencia a este
pasaje porque justamente el tema de este artículo se basa en muchas ocasiones
en los engaños. Y es que la palabra "afrodisíaco" tiene
su origen en Afrodita, la diosa de la que hemos hecho referencia. Para muchos,
los afrodisíacos son exactamente eso: un engaño. Sin embargo, no
podemos dejar de considerar las creencias en dichos elementos, que en su mayoría
de casos formar parte importante de diferentes culturas, tanto orientales como
occidentales.
Si
nos basamos en lo meramente clínico, los afrodisíacos son producto
de la sugestión porque en ningún caso su efectividad ha sido probada
científicamente. En realidad, cualquier cosa que elijamos puede ser considerado
como afrodisíaco mientras uno se sugestione al respecto. Y no siempre se
refiere a un alimento o a una bebida. Algún elemento también puede
estimular la vista o el olfato, y como no, la mente. El escritor estadounidense
Henry Miller había ya pensado en eso al asegurar en su obra "Tropic
of Cancer" que "el mejor afrodisíaco, es la inteligencia de una
mujer".
Lo que realmente produce un efecto afrodisíaco es
el ambiente que se le de a cierto momento. Si nos esforzamos en crear el ambiente
el día de una cita, con velas, una luz tenue, una música apropiada
y una suave fragancia, hasta una hamburguesa puede provocar efectos afrodisíacos.
Por otro lado, si el ambiente no es exactamente el adecuado, ni unas deliciosas
y bien servidas ostras (afrodisíacas para muchos) darán los resultados
deseados. Por más que se coman docenas de ellas, lo más que uno
puede conseguir es una muy poco recomendable intoxicación.
Pero
esta búsqueda hacia los afrodisíacos no es un asunto nuevo. La medicina
tradicional china usaba la raíz de ginseng para potenciar el vigor sexual
mientras que los árabes buscaban multiplicar el placer sexual mediante
el olfato con perfumes y fragancias. Relacionado a esto último destaca
el texto erótico "El jardín perfumado" escrito en el siglo
XVI por Shaykh Umar ibn Muhammad al-Nefzawi. En el Kamasutra se encuentran maneras
para que el hombre incremente su vigor con alimentos como la leche y la miel,
reconocidos por sus beneficios energéticos. Otras culturas buscaban más
bien una analogía entre diferentes elementos y el órgano masculino
como la zanahoria y los espárragos y con el femenino como las ostras o
las almejas. Incluso, algunas interpretaciones de la Biblia hacen referencia a
la mandrágora como una suerte de afrodisíaco (Antiguo Testamento
- Genesis 30: del 14 al 17).
Según diferentes clasificaciones,
los afrodisíacos pueden dividirse de acuerdo a su origen: estos pueden
ser naturales (vegetales, animales y minerales) o elaborados. En los del primer
tipo podemos encontrar a las frutas o las legumbres, en el segundo principalmente
a los mariscos y pescados, y en el tercero elementos como el zinc, el fósforo,
calcio o el hierro, entre muchos otros. En cuanto a los elaborados, se trata en
especial a las pócimas para las que se utilizan diversos ingredientes,
sopas, medicamentos, licores o ácidos. Otras clasificaciones los dividen
según su aspecto físico ya sean semejantes a los genitales masculinos
o femeninos, y también según su exotismo (fáciles o difíciles
de obtener).
No es raro encontrar en las calles de diferentes ciudades
restaurantes que se denominan "eróticos". En algunos de estos,
se asegura servir comida afrodisíaca cuando en realidad lo único
que hacen es crear cierto ambiente o circunstancias proclives para el momento
entre una pareja. La decoración, la música y la fragancia toman
entonces mayor importancia que los platos en sí, cuyos nombres forman parte
ineludible del ambiente, aunque en la mayoría de los casos son de poca
imaginación y se limitan a burdos nombres sin sentido.
Pese
a considerarse fruto de creencias populares y de leyendas, los estudios sobre
los afrodisíacos no son pocos, incluso a nivel gubernamental. El departamento
de Salud de EEUU (la FDA, Food and Drug Administration) advirtió hace ya
varios años que "la reputación de la mayoría de
los productos que se consideran afrodisíacos está basada en la tradición
popular y no en hechos", en referencia tanto a los alimentos como a la bebidas.
La FDA advierte además de la peligrosidad en la adquisición de "pócimas
del amor", negocio que se ha convertido en uno de los mayores de EEUU y que
hoy en día no dejan de invadir los correos electrónicos de millones
de personas, muchas de las cuales caen en el engaño. En algunos casos,
y no pocos, la administración sin control de estos productos pueden provocar
inflamaciones, alguna alergia suave y hasta mortal, infecciones, infartos del
miocardio, aumento o disminución de la presión arterial y otros
síntomas como el vómito, mareos o dolor de cabeza.
Pero
entonces, ante tanto peligro y poco control, ¿cuál es el mejor afrodisíaco?
Probablemente, el que muy pocos utilizan en el momento de buscar el elemento específico
que, según ellos, les hará disfrutar de mejores relaciones sexuales:
el cerebro. Es a través de él que el ser humano se sugestiona en
creer si un elemento es afrodisíaco o no, pero también con el puede
crear situaciones adecuadas para conseguir relaciones sexuales satisfactorias.
El cerebro es entonces el órgano sexual más importante y poderoso
a la hora de buscar mayores placeres con su pareja y no los genitales, como muchos
puedan imaginar. Es a través del cerebro que el ser humando puede estimular
sus sentidos. Se trata de la mejor manera y sin duda la más sana y segura.
|