Martín
Emilio "Cochise" Rodríguez
Antioqueño. Ganador de cuatro ediciones de la Vuelta a Colombia en bicicleta,
en los años de 1963, 1964, 1966 y 1967. Eta leyenda viviente, además
consiguió el récord de la hora para aficionados en Méjico
con una distancia recorrida de 47.553 kilómetros. También ostentó
el campeonato mundial de los 4 mil metros persecución individual en Italia.
Por supuesto, es uno de los deportistas más destacados en el ámbito
nacional.
Cochise,
60 años y tan campante
Cumplió años Martín Emilio Rodríguez, deportista del
siglo XX en Colombia.
El pedalista antioqueño que se lo ganó
todo en la ruta y la pista.
Ejemplo de cómo debe ser la vida de un
ídolo de multitudes.
Por
Pablo Arbeláez Restrepo
Medellín
Cochise celebró su cumpleaños 60 con la gente de EL COLOMBIANO.
Foto Jaime Pérez
Las alas de la gloria nunca llevaron al infierno
del orgullo al campeón mundial que aprendió a montar en una bicicleta
de mujer. Este viernes 13 de abril de 2002, a los 60 años de edad, Martín
Emilio Cochise Rodríguez sigue siendo ese hombre risueño, dicharachero
y que a todos se goza por igual.
Humilde
de estirpe y grande de corazón, esa ha sido la vida del campeón
de campeones del deporte nacional.
Atleta
del siglo XX en Colombia, el que le ganó a todos en todos lados, el que
a sus rivales volvió eternos segundos, pero a los que siempre respetó
y admiró.
Cochise,
un nombre, hombre integral, sin dobleces. Una marca tatuada en la historia del
ciclismo mundial, ser vital antes que un atleta artificial. El hijo de doña
Gertudris, el dilecto alumno del club Mediofondo, impulsor del prestigio de una
empresa, Caribú, y dueño del corazón de la afición
del país en los años sesentas.
Leyenda
de la bicicleta, el pedalista que antes de serlo tuvo que vender limones en la
Plaza de Cisneros y quien por sus propios esfuerzos llegó a convertirse
en el agregado cultural y deportivo del país ante el gobierno italiano
en Milán.
Martín
Emilio Cochise Rodríguez Gutiérrez, el niño que perdió
a su padre Victoriano once días después de haber nacido en el barrio
Guayabal; criado por su mamá Gertrudis y cinco hermanos, siendo el menor.
El
hijo putativo del "entenao" Francisco Román, quien tuvo la responsabilidad
de conducirlo, de llevarlo de la mano a la Escuela Alfonso López, en la
cual no se destacó por ser buen estudiante, siendo apenas un niño
retraído y pachá. Allí, a los 8 años, se hizo llamar
Cochise, un indio apache renegado, protagonista de la película la Flecha
Rota, caracterizada por Jeff Chandler, la que pudo ver con 20 centavos de la época.
El
ayudante de un bar del aeropuerto Olaya Herrera, que buscó la superación
mediante la mensajería, que luego lo llevaría a conocer en su bicicleta
las carreteras de Antioquia, Colombia y el mundo.
Cochise,
el héroe de moda para los pequeños amigos de Aranjuez y Manrique.
El mandadero insuperado de la Botica de los Isazas y de la Farmacia Santa Clara,
que en una doble a Barbosa, al lado de 200 pedalistas no fue capaz de terminar
por culpa de los calambres.
El
portento en ciernes de los 60´s, la llavería del Negro Orlando Gómez
y Javier "Ñato" Suárez, con quienes en medio de bananos,
leche, "cucas" y salchichón cultivó el sentido de la amistad
y de los esfuerzos del ciclismo. El turismero descubierto e impulsado por el antes
ciclista y hoy periodista Jota Enrique Ríos, quien fue capaz de ir más
allá de las dudas de los comentaristas del momento.
Ejemplo
para quienes lo enfrentaron en sus comienzos, porque a pesar de sus limitaciones
iniciales, tuvo las ganas suficientes para mostrar que había un héroe
en ciernes.
"Fue
bueno desde el principio, tenía carisma y nunca se le vio triste",
es el recuerdo de su amigo, Javier Suárez.
Un
gozador empedernido de la vida, que disfrutaba jugando a las cartas, que gozaba
con los caballos montando a pelo cuando cargaba bultos de carbón, hincha
del Atlético Nacional pero hace fuerza por el DIM y Envigado-, el
buen atajabolas del barrio, que evitaba los presagios de gol de los hermanos de
Velitas Pérez y que aprendió a nadar los sábados por las
tardes en los charcos de Quebradanegra, por las empinadas cuestas de la zona Nororiental
de Medellín.
El
muchacho que gozó de la fama cuando empezó a ganar todas las carreras
locales, pupilo de la dirigente Isabelita Ángel; que se volvió brillante
con los cuatro títulos de la Vuelta a Colombia, que dividió al país
entre cochisistas y suaristas, protagonista de cinco rondas méxicanas,
otras tantas del Táchira, recordista mundial aficionado de la hora y oro
en la persecución en Varese. El que todo lo ganó. Un Pelé
del pedalismo de América para el mundo, que nunca tuvo rencores ante la
afrenta del dirigente Édgar A. Senior, que lo acusó de profesionalismo
"pecado" en el ciclismo de ese momento-, ni del nadaísta
Gonzalo Arango, quien en el reportaje más famoso de cuantos le han hecho,
se burló del Corazón de Jesús y de las porcelanas de su madre
Gertrudis.
Cochise
Rodríguez, aprendiz de torero, el filósofo "la gente
en Colombia no se muere de cáncer sino de envidia"-, el piloto de
avioneta, graduado con 100 horas de vuelo, el tenista, el softbolista, el aeromodelista,
campeón de la causas buenas del país, intocado por las veleidades
del narcotráfico, que para su fortuna y de los suyos nunca cedió
ante las presiones de la gloria eterna. El niño loco y bueno que siempre
ha sido y que fue capaz de vencer a la fama.
Implicaciones
Vive
de la venta de libros
Un
campeón que sembró el buen nombre de Colombia en 22 países,
que a los 60 años, después de haberle dado de todo a su país,
subsiste de la venta de libros y de una pensión que le otorgó Coldeportes
Nacional.
Martín
Emilio Rodríguez tiene tres hijos: Marcela, Juan Esteban y Daniel. Disfruta
de la vida de casado con María Cristina Correa. Ya es abuelo y tiene una
nieta. Desde hace 14 años labora en el campo editorial. Ha representado
a Enterprise, Planeta y Norma.
Con
el apoyo de Indeportes Antioquia va de colegio en colegio llevando un mensaje
a la juventud, de cómo debe ser su comportamiento y de la importancia del
juego limpio, tanto en la vida como en el deporte.
"Cuando
me pegué el golpe en la cabeza en el que por poco pierdo la vida el
1° de abril de 1992-, me hubiera gustado quedarme ahí mismo. Porque
ahora hay mucho rencor, envidia y violencia. Dios no quería que me fuera
esa vez, porque contaba conmigo para que le dijera a la juventud de cómo
debe ser uno en este mundo".