PARECE
EL MAS
Diciembre 2 de 1981
El comienzo del horror
Como reacción contra el secuestro por parte de la
guerrilla, el narcotráfico se armó para defenderse
y dio origen al paramilitarismo
Por
Armando Neira *
Una
brisa fresca soplaba en Cali en la noche del miércoles
2 de diciembre de 1981. En las tribunas del estadio Pascual
Guerrero los hinchas entonaban cánticos y alistaban
las serpentinas y el papel picado para lanzarlas a la salida
de los jugadores de Nacional y América. Una avioneta,
que volaba a muy baja altura, se les adelantó. Desde
su interior arrojaron una lluvia de papelitos que cayó
sobre el público y cubrió el césped.
Venían con una carta dirigida "a los secuestradores
comunes y a los secuestradores subversivos" y en la
que se les anunciaba el inicio de su búsqueda para
"su ejecución". La esquela estaba firmada
con una sigla hasta entonces desconocida: 'MAS, Muerte a
Secuestradores'.
El
comunicado de 11 puntos y 400 palabras que literalmente
cayó del cielo ese miércoles 2 de diciembre
fue la primera acción pública de esta organización
nacida con apoyo financiero de la mafia, que le daría
un vuelco radical al conflicto armado. De hecho ese fue
el embrión del nacimiento de un tercer actor en la
guerra que libraban el Estado y la insurgencia armada. Parte
importante de la sociedad en un principio miró con
indiferencia el nacimiento del MAS, tal vez con la secreta
convicción de que esa organización ayudaría
a acabar con el problema de la insurgencia. Pero con el
tiempo se le convirtió en una de las amenazas más
graves de su historia. ¿Por qué? Quien había
entrado realmente en escena era el narcotráfico,
poderosamente armado.
El
M-19, en ese momento la organización guerrillera
de mayor presencia urbana, había producido sin pretenderlo
la excusa para el nacimiento del MAS. En Medellín,
tres semanas atrás, Martha Nieves Ochoa había
sido secuestrada. La muchacha de 26 años, hija del
conocido ganadero y propietario de caballos de paso Fabio
Ochoa, acababa de salir de clases en la Universidad de Antioquia
cuando tres hombres se la llevaron. Los miembros de la familia
Ochoa se reunieron en su casa en La Loma, cerca de Envigado.
Allí, entre azulejos y orquídeas, tomaron
una fría pero trascendental decisión: el rescate
no sería pagado. En cambio, pondrían un fondo
de 25 millones de pesos para quien diera informes que permitieran
la liberación de la joven. El MAS comenzaba su gestación.
Los
orígenes
Mientras
la epidemia del secuestro se extendía y las organizaciones
defensoras de derechos humanos alertaban sobre los abusos
de armar en manos de civiles para pelear contra la insurgencia,
la vida cotidiana en las ciudades sufría unas transformaciones
impensables. Hasta el año 70 Medellín era
de una tranquilidad primaveral. Era una ciudad de hombres
de empresa y de señoras piadosas que organizaban
bazares de caridad y desfiles florales. La prensa de la
época contaba la quiebra de las discotecas por falta
de clientes, mientras que las iglesias estaban llenas a
la hora de la misa y en la penumbra de las casas, a las
6 de la tarde, como en el siglo XIX, se rezaba el rosario.
Esta imagen se rompió en mil pedazos cuando los muchachos
que jugaban con pelotas de trapo en las calles del barrio
Antioquia encontraron una mina de oro ilegal: el cambio
del polvo de cocaína por millones de dólares.
La vieja Medellín vio sorprendida la entrada de avalanchas
de dinero ganadas de un día para otro por los jóvenes.
En
este contexto, al M-19 se le ocurrió despojarles
a los noveles barones de la droga parte del dinero que ganaban
por el tráfico de droga para alimentar la revolución.
El responsable de la operación en el secuestro de
Martha Nieves Ochoa fue Luis Gabriel Bernal, un hombre inteligente
y con vasta experiencia para moverse en la clandestinidad.
Lo que él y sus compañeros de aventura nunca
previeron fue la reacción contundente de unas víctimas
ricas y dispuestas a todo.
Entre
ellos estaba un hombre hasta ese momento desconocido para
los colombianos: Carlos Lehder Rivas, quien hizo su presentación
en sociedad 40 días después del vuelo de la
avioneta en el estadio de Cali. Fue en un aviso pagado en
el periódico La Patria de Manizales en donde relataba
que él también había sido secuestrado.
En el texto exigía a la Comisión de Derechos
Humanos preocuparse más de los secuestrados que de
los secuestradores. Los primeros, decía, están
"desnudos y encadenados, permanecen enterrados en vida
sufriendo humillaciones, infecciones y maltratos",
mientras que los autores del delito "elegantes, gorditos,
pulcros y sin pecado". Finalmente, clamaba por la creación
de una fuerza táctica antisecuestro en la que debían
participar, según él, mercenarios extranjeros
de Vietnam y Suráfrica, y "grandes del F2, guerreros
del B2, inteligencia del DAS, halcones de la Fuerza Aérea
y tiburones de la Marina".
Por
plata no había problema. En el comunicado de ese
histórico miércoles 2 de diciembre de 1981
se anunciaba el aporte de "223 jefes mafiosos",
quienes decidieron asignar cada uno dos millones de pesos
y 10 de sus mejores hombres para el objetivo. Es decir,
nacía un ejército privado de 2.230 hombres.
Su
eficacia no dejó ninguna duda en su primera acción.
En cuestión de días averiguaron que el autor
intelectual del secuestro de Martha Nieves había
sido Bernal, a quien no le había temblado la voz
para exigir 12 millones de dólares por su liberación.
El MAS demostró su poderío al secuestrar a
25 personas muy cercanas a él. Entre ellos su novia,
su hermano, su cuñada y sus mejores amigos. Finalmente,
el 16 de febrero de 1982, fue liberada sana y salva y sin
pagar un solo peso de rescate.
Oveja
con piel de lobo
Muchos
colombianos expresaron su simpatía por el naciente
grupo. Sin embargo, ese aire de tranquilidad se transformó
primero en inquietud y luego en terror cuando el MAS siguió
adelante con sus acciones. El primer muerto fue William
de Jesús Parra Castillo, militante del grupo ultra
izquierdista Autodefensa Obrera (ADO), quien era acusado
de haber participado en el asesinato del ex ministro Rafael
Pardo Buelvas. Luego asesinaron al penalista Enrique Cipagauta
Galvis por defender presos políticos, explotaron
una bomba en la casa de la periodista María Jimena
Duzán y amenazaron de muerte al ex ministro y defensor
de derechos humanos Alfredo Vázquez Carrizosa y al
escritor Gabriel García Márquez. A los tres,
por denunciar a los escuadrones de la muerte. La lógica
del MAS era la misma de las temibles organizaciones paramilitares
que azotaron el Cono sur: exterminar a los miembros armados
de grupos de izquierda, pero también a sus simpatizantes,
a sus vecinos, a sus familias y amigos y a aquellos que
osaran denunciarlos en sus escritos.
International
Crisis Group (ICG) afirma que desde sus "inicios, el
MAS tuvo estrechos vínculos con las fuerzas de seguridad
del Ejército y la Policía". Hecho que
fue denunciado en su momento por el Ministerio Público
en un informe que en la época causó escozor
en el país. La alerta de la Procuraduría sobre
la participación de miembros de la fuerza pública
de entonces coincide con la de ICG: "Esto explica en
parte la fácil ampliación de los objetivos
iniciales de esta alianza cuando los capos del narcotráfico
se convirtieron en terratenientes y consolidaron su poder
económico como importantes dueños de propiedades
e inversionistas".
En
esta dinámica los grupos armados de extrema derecha
crecieron dejando un baño de sangre sin precedentes.
Había armas y dinero para asesinar a anónimos
e indefensos campesinos en apartadas regiones o candidatos
políticos fuertemente custodiados como Luis Carlos
Galán. Frank Safford y Marco Palacios afirman en
su estudio Colombia: país fragmentado, sociedad dividida
que más de dos tercios de las muertes relacionadas
con el conflicto político entre 1975 y 1995 corresponden
a civiles asesinados fuera de combate. Muchos de ellos fueron
muertos por el MAS o sus derivados, todas organizaciones
con nombres que evocan el exterminio, símbolos patrios
o que hacen referencia a los lugares donde nacieron como
Los Tangueros, Los Tiznados, Mano Negra, entre otros.
Fue
tal la proliferación que durante el gobierno del
presidente Virgilio Barco su administración informó
al país de la dificultad para luchar contra los grupos
paramilitares pues había "264 a lo largo y ancho
del país". En cualquier lugar del país
alguien con intereses ilegales que defender creaba su propio
grupo armado para proteger sus tierras, atacar a los invasores,
eliminar a la guerrilla o a cualquier persona que consideraran
una amenaza. Hasta que en 1997 Carlos Castaño logró
centralizarlos bajo su mando con el nombre de Autodefensas
Unidas de Colombia (AUC). El propio Castaño, sin
embargo, advirtió que la organización tendría
que tener un perfil único de contrainsurgencia por
lo que era imperativo romper con el narcotráfico.
Lo reiteró en varias ocasiones antes de desaparecer.
*Periodista
de SEMANA