ES
LANZADA CIEN AÑOS DE SOLEDAD EN BUENOS AIRES
Junio 5 de 1967
Cuando la literatura cambió
La aparición de 'Cien años de soledad' marcó
para siempre las letras colombianas y transformó
con su realismo mágico la literatura universal.
Ver
aqúi: Biografia de Gabriel
García Márquez
Por
Luis Fernando Afanador *
Cien
años de soledad era ya un libro famoso cuando apareció
en los quioscos y las librerías de Buenos Aires el
lunes 5 de junio de 1967.
Carlos
Fuentes, amigo desde esa época de Gabriel
García Márquez, había leído
los primeros capítulos antes de su publicación
y le escribió a Julio Cortázar: "Acabo
de leer una obra maestra. La novela de Gabo nos libera a
todos". El entusiasmo de Fuentes -reconocido entonces
como una de las figuras de la nueva literatura latinoamericana
por sus novelas La región más transparente
y La muerte de Artemio Cruz- fue como un campanazo que puso
en alerta a mucha gente. Emir Rodríguez Monegal,
un crítico uruguayo que llegaría a ser el
gran intérprete del boom, publicó dos capítulos
de Cien años de soledad en Mundo Nuevo, la prestigiosa
y polémica revista que dirigía en París.
Otros capítulos inéditos aparecieron en las
revistas Amaru, de Lima, Eco y Magazín Dominical
del diario El Espectador, de Bogotá.
Luis
Harss en Los nuestros, el legendario libro de entrevistas
con los 10 más importantes escritores latinoamericanos
vivos, publicado a finales de 1966 y cuya primera versión
se hizo en inglés, decía: "Pero desde
entonces el Ángel Gabriel se ha rehabilitado. Ha
vuelto a descubrir su libro secreto, que está más
fuerte que nunca. La próxima fase del libro, que
anuncia para marzo o abril de 1967, se llamará 'Cien
años de soledad'. Será la muy esperada biografía
del elusivo coronel revolucionario Aureliano Buendía".
Y Germán Vargas, en el periódico Encuentro
liberal, publicó una reseña anticipada de
la obra todavía inédita: "Hay razones
suficientes para creer que 'Cien años de soledad'
-tal es el título- será la mejor novela colombiana
escrita en el último cuarto de siglo, y desde luego,
la mejor del autor".
Francisco
Porrúa, el director literario de Sudamericana, la
mítica editorial que había descubierto a Julio
Cortázar, a Juan Carlos Onetti, y puesto de moda
El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrel, a última
hora decidió aumentar de 5.000 a 8.000 el número
de ejemplares de Cien años de soledad para la primera
edición. Porrúa no había oído
hablar antes de García Márquez, aunque su
inclusión en el libro de Harss lo alertó:
leyó El coronel no tiene quien le escriba y de inmediato
quiso ser el editor de todas sus obras. Sin embargo los
derechos estaban comprometidos. Por eso le ofreció
500 dólares -una buena suma entonces- por aquella
novela sobre la cual el escritor colombiano decía
haber "puesto muchas esperanzas". No dudaba de
su decisión -su olfato literario no había
fallado-, pero como a todos, la lectura de los primeros
capítulos lo deslumbró y le hizo tomar la
decisión de aumentar el tiraje. "El lenguaje
de la novela era muy nuevo a mediados de los años
70. Ahora pueden verse en él marcas claras, tradicionales,
del Caribe colombiano, algunos ligeros vientos faulknerianos
y cosas así". (Testimonio de Porrúa en
el imprescindible libro de Eligio García, Tras las
claves de Melquíades).
El
día señalado
Cuando
empieza a circular Cien años de soledad aquel lunes
5 de junio (martes 6 de junio para el investigador Don Klein
en otro libro necesario: Gabriel
García Márquez, una bibliografía
descriptiva) sólo faltaba una cosa, el plebiscito
a favor de los lectores, y éste se produce más
rápido de lo que nadie hubiera sospechado: a los
15 días se agota la primera edición. Poco
importó que su aparición hubiera coincidido
con la invasión de Israel a Egipto, un asunto bastante
sensible para los argentinos, no sólo porque ese
tipo de conflictos alborotaba, en plena Guerra Fría,
los temores de una tercera conflagración mundial,
sino también por la importancia de la colonia judía
en Buenos Aires, una de las más grandes del mundo.
Pudo más el naciente "realismo mágico":
la gente acudía enfebrecida a comprar la novela del
desconocido escritor colombiano que, según anunciaba
la publicidad en un diario, hablaba de la selva, la guerra,
las pasiones, la construcción de un mundo, la historia
de Macondo desde su fundación hasta la muerte del
último Buendía, y sólo costaba 650
pesos.
En
aquellos días que cambiarían la literatura
mundial, no fue extraño ver por las calles de Buenos
Aires a muchas personas caminando con bolsas de mercado
de las cuales sobresalían ejemplares de Cien años
de soledad. La euforia que antes de salir había desatado
entre escritores, críticos y lectores avezados se
repetía con igual intensidad en los lectores corrientes.
Casi nunca en la historia de la literatura se da la coincidencia
de una obra que es a la vez muy popular entre los críticos
y los lectores. Y tal milagro, escasísimo, acababa
de ocurrir con esa novela.
Invitado
como jurado del concurso de novela Primera Plana-Editorial
Sudamericana, Gabriel García Márquez arribó
a Buenos Aires a finales de junio de 1967. Y pudo asistir,
en persona, al nacimiento de su fama. Tomás Eloy
Martínez, periodista en ese momento del diario Primera
Plana, lo ha contado de manera inmejorable: "Aquella
misma noche fuimos al teatro del Instituto Di Tella. Estrenaban,
recuerdo, 'Los siameses', de Griselda Gambaro. Mercedes
y él se adelantaron hacia la platea, desconcertados
por tantas pieles tempranas y plumas resplandecientes. La
sala estaba en penumbras, pero a ellos, no sé por
qué, un reflector les seguía los pasos. Iban
a sentarse cuando alguien, un desconocido, gritó
'¡Bravo!', y prorrumpió en aplausos. Una mujer
le hizo coro: 'Por su novela', dijo. La sala entera se puso
de pie. En ese preciso instante vi que la fama bajaba del
cielo, envuelta en un deslumbrador aleteo de sábanas,
como Remedios, la bella, y dejaba caer sobre García
Márquez uno de esos vientos de luz que son inmunes
a los años".
Obra
universal
Después
de esa efímera primera edición (inconfundible
para los coleccionistas: un galeón español
azul entre las densas ramas de una selva y abajo, tres flores
brillantes y anaranjadas) no han cesado las reediciones
de Cien años soledad. La sola editorial Sudamericana,
hasta abril de 1996, había hecho 103 impresiones.
Oficialmente, se ha traducido a 40 idiomas, sin incluir
una curiosa trascripción al Braille realizada en
siete volúmenes por el Comité Internacional
Prociegos. Hasta 2004, se habían reportado 30 millones
de ejemplares vendidos en las ediciones autorizadas. Y,
como corresponde a un clásico, las interpretaciones
son casi infinitas: van desde los estudios de fuentes, los
análisis sociológicos y formales, y llegan
hasta las últimas teorías críticas
de moda.
Y
hasta ahora, parece haber sobrevivido a las múltiples
interpretaciones y lucir aún fresca y virgen. Es
que en Cien años de soledad, sin duda, más
allá de su aparente sencillez posee una densidad
que ofrece varios niveles de lectura. Puede leérsela
como un libro sobre la soledad de los seres humanos contado
en una forma increíblemente gozosa; como una crónica
familiar, histórica y mítica que juega con
el tiempo, y borra las fronteras entre la realidad y la
fantasía, la poesía y la novela; pero también,
como un texto bastante complejo y simbolista en el que la
clave del mundo estaría cifrada en la escritura:
los papeles de Melquíades.
Sintetizar
la vasta influencia de Cien años de soledad a lo
largo de los últimos años -¡ya casi
40!- no es una empresa fácil de realizar en unas
pocas páginas. Pero tal vez sí lo sea precisar
cuál fue su impacto a finales de los años
60. A escala mundial, les abrió un camino a cientos
de escritores que se encontraban estériles porque
se habían creído el cuento de la muerte de
la novela y del viejo arte de narrar, algo que nunca podía
morir porque era tan simple como contar bien una historia
desde el principio hasta el final. "Alabadas sean la
lengua española y la imaginación", dijo
el norteamericano John Barth, uno de los fundadores del
posmodernismo.
En
América Latina, concluyó la salida mágica
a la novela de la tierra que habían iniciado Juan
Rulfo y Joâo Guimaraes Rosa y, también, liquidó
en forma definitiva la narrativa realista, tarea de demolición
emprendida con acierto por Borges y Carpentier. Y en Colombia,
al decir de Roberto Burgos, superó para siempre el
lastre de la "literatura de la violencia", y los
escritores jóvenes pudieron proclamar al fin un alegre
y liberador "todo es posible".
Cien
años de soledad ha acompañado ya a tres generaciones.
Se encuentra cerca del plazo de 50 años que le exigía
Roberto Arlt a cualquier obra literaria para ser tomada
en serio. El propio Gabriel
García Márquez ha dicho en varias ocasiones
que su novela perdurable no es ésta sino El amor
en los tiempos del cólera. Pero, ¿qué
sabemos de la posteridad? Por ahora, la posteridad somos
nosotros o, quizá, Paola Estrella Bolaños,
una estudiante de literatura de 22 años que ha leído
cinco veces Cien años de soledad y sigue encontrando
en ella la felicidad y el asombro intactos.
*Poeta,
crítico de libros y columnista de SEMANA