SUBE
ROJAS PINILLA
Junio 13 de 1953
El único golpe del siglo
Frente a la violencia partidista y la crisis de gobernabilidad,
Rojas Pinilla apareció como salvador y terminó
disfrazado como dictador.
Por
Andrea García Osorio *
Durante
ocho horas de ese día, en el país todos estuvieron
haciéndose una pregunta un tanto atípica:
¿y quién diablos es el presidente? Durante
esas escasas pero largas horas, la única certeza
que reinaba era la incertidumbre, hasta que pasada la media
noche los colombianos escucharon la voz del general Gustavo
Rojas Pinilla, quien anunciaba a través de la Radiodifusora
Nacional que como comandante de las Fuerzas Militares asumía
el poder.
No
eran buenos tiempos. La democracia colombiana vivía
uno de sus momentos más críticos. Los partidos
tradicionales -Conservador y Liberal- se encontraban en
una disputa por el poder, enfrentamiento que llevaba la
chispa del odio y la violencia a cada vez más regiones
del país. Boyacá, Cundinamarca, los Llanos
Orientales, Tolima, Valle y Antioquia, entre otros, veían
cómo la violencia crecía en una espiral de
sangre, muerte y barbarie nunca antes vista. Los odios y
resentimientos entre liberales y conservadores se escudaron
en la defensa inicial de los colores e ideales partidistas
para cazar al otro.
La
historia hay que mirarla unos pocos años atrás.
En noviembre de 1949 fue elegido en las urnas el presidente
Laureano Gómez, uno de los más caracterizados
líderes del Partido Conservador. Para algunos sectores
con un argumento bastante sólido, esta elección
era antidemocrática. ¿La razón? Él
era el único candidato político en campaña,
ya que el Partido Liberal había retirado a su candidato
Darío Echandía por considerar que no estaba
garantizada la transparencia en el proceso electoral.
Naturalmente,
este hecho generó que Gómez subiera a la Presidencia
acompañado de un déficit de gobernabilidad
muy importante. Más aún frente a un país
de mayorías liberales. Por si fuera poco, Gómez
tuvo que dejar la Presidencia poco después por una
trombosis. El Congreso de la República nombró
presidente encargado a Roberto Urdaneta Arbeláez.
A
finales de 1952, Urdaneta nombró comandante general
de las Fuerzas Armadas de Colombia a Rojas Pinilla. Cuando
arrancó 1953 se empezaron a hacer visibles las diferencias
entre Gómez con el general, que no vaciló
en oponerse públicamente al nombramiento del oficial
como ministro de Guerra. Después, frente a otros
incidentes, Gómez le solicitó a Urdaneta su
destitución.
Ante
esta negativa, Laureano no vaciló en asumir nuevamente
el poder. Uno de los primeros hechos que tomó con
las riendas del poder fue llamar a su ministro de Guerra,
Lucio Pabón Núñez, para que destituyera
a Rojas. Sin embargo, el ascendente del oficial también
había adquirido una dinámica propia. Núñez
se rehusó a la destitución de Rojas. Gómez
nombró en su reemplazo a Jorge Leyva, que aceptó
sustituir a Rojas por el general Régulo Gaitán,
pero la mayoría de los altos mandos cerraron filas
en torno a Rojas y durante varias horas el país vio
alternarse a tres personas en el poder: Urdaneta, Gómez
y finalmente Rojas.
La
llegada de los militares al poder, que ponían una
pausa a la larga tradición de gobiernos democráticos,
fue asumida por los colombianos con entusiasmo. Al día
siguiente miles de personas desfilaron por la carrera séptima
para saludar al nuevo presidente. Estas expresiones de júbilo
se vieron en todo el país, tal y como lo ha relatado
el historiador César Ayala.
La
razón fundamental era que muchos veían en
los militares una fuerza catalizadora que pondría
fin a la violencia partidista que azotaba al país.
Después se sabría que más que un golpe
militar fue una cesión del poder para que Rojas pudiera,
en un gobierno de transición, zanjar las diferencias,
no sólo entre liberales y conservadores, sino entre
las mismas toldas azules. El golpe contó con el apoyo
de los ex presidentes Mariano Ospina Pérez y Roberto
Urdaneta Arbeláez, y de los políticos Gilberto
Alzate Avendaño, Lucio Pabón Núñez
y otros, quienes le ofrecieron su respaldo. Contaba además
con el apoyo de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional,
el Directorio Nacional Conservador y representantes de ambos
partidos. El ex presidente Darío Echandía
calificó de "golpe de opinión" el
golpe militar de Rojas debido a la confianza y a la reconciliación
que cambiaban la situación general del país,
y al vasto y multitudinario respaldo nacional al nuevo presidente.
En
la primera alocución presidencial, el nuevo presidente
alertó a los colombianos para defender las instituciones
y señaló el camino de la "paz, justicia
y libertad" para todos los colombianos. El nuevo presidente
dijo: "La Patria no puede vivir tranquila mientras
tenga hijos con hambre y desnudez". La Asamblea Nacional
Constituyente, que había sido convocada por el presidente
Laureano Gómez, expidió un acto legislativo
por el cual reafirmó la posesión del presidente
Gustavo Rojas Pinilla. Según su argumento, el 13
de junio de 1953 había quedado vacante el cargo de
presidente de la República y afirmaba: "Es legítimo
el título del actual presidente de la República,
teniente general Gustavo Rojas Pinilla, quien ejercerá
el cargo por el resto del período presidencial en
curso". El nuevo gobierno siguió los postulados
de paz, justicia y libertad; orden contra la anarquía,
la violencia y la crisis moral, y se propuso conseguir la
restauración moral y democrática de la República.
Rojas
Pinilla consideraba que lo ideal para la crisis que estaba
atravesando Colombia era la unión entre el pueblo
y las Fuerzas Militares, y señalaba que sin justicia
social no se podría alcanzar la paz. El 3 de agosto
de 1954 Rojas logró cambiar las fuerzas de la Asamblea
Constituyente para ser reelegido para el período
1954-1958.
Durante
el primer año de gobierno militar el país
vivió una luna de miel con Rojas. Los medios cerraron
filas en favor del gobierno. Pero su reelección y
la matanza de los estudiantes universitarios de Bogotá
en el centro de la ciudad el 8 y el 9 de junio de 1954 empezaron
a cambiar la opinión. Después vendrían
la censura y los atentados contra los periódicos
El Tiempo, El Espectador y El Siglo, que agudizaron su caída.
La
historia de Colombia cambió pues la clase política
tradicional se fusionó a través del Frente
Nacional para superar las diferencias y desplazar a la tercera
fuerza en el poder.
Al
igual que con su llegada, la salida de Rojas en 1957 también
fue una expresión de júbilo y alegría
nacional, de transición pacífica. Quedó
en la memoria de una parte de los colombianos una gestión
caracterizada por grandes obras públicas, reducción
de la violencia, crecimiento económico y favorecimiento
a los más desprotegidos. Con Rojas, el país
estuvo entre una especie de caudillo o populista tardío.
Con el golpe de Rojas vivimos nuestra única experiencia
de gobierno militar en la historia de Colombia.
*Abogada