PRIMER
SALÓN NACIONAL DE ARTISTAS
Octubre 12 de 1940
Puro arte
El Salón Anual de Artistas Colombianos ha sido el
mejor espacio en la lucha para la comprensión del
arte moderno.
Por
Beatriz González *
El
presidente de la República Eduardo Santos y su ministro
de Educación Jorge Eliécer Gaitán inauguraron
el Primer Salón Anual de Artistas Colombianos el
sábado 12 de octubre de 1940, el cual se encontraba
exhibido en dos salas de la nueva Biblioteca Nacional. Ese
mismo día se declaró oficialmente la Fiesta
de la Juventud Colombiana.
La
exposición presentaba una selección de 73
artistas -entre ellos 16 mujeres-, con 155 obras en total,
escogidos por el jurado de admisión. Este jurado
estaba conformado por Rafael Maya, Luis Vidales, Rafael
Duque Uribe, José Prat y Pierre Daguet. El jurado
calificador lo integraron Enrique Restrepo, Jorge Obando
Lombana, Roberto Suárez, Jorge Zalamea y Gustavo
Santos. Se otorgaron dos premios, uno en pintura y otro
en escultura por un monto de 1.500 pesos cada uno. Las demás
distinciones eran medallas de oro, plata y bronce, además
de una mención.
Los
artistas premiados fueron: en pintura, primer premio a Ignacio
Gómez Jaramillo, y medallas de oro, plata y bronce,
a Santiago Martínez Delgado, Sergio Trujillo Magnenat,
José Rodríguez Acevedo, respectivamente. En
escultura: el primer premio fue para Ramón Barba,
y medallas de oro, plata y bronce, a José Domingo
Rodríguez, Josefina Albarracín y Hena Rodríguez,
respectivamente. Se otorgó una mención al
joven pintor Enrique Grau Araújo por su obra La mulata
cartagenera.
En
el discurso inaugural, Jorge Eliécer Gaitán
planteaba que "la intervención del pueblo en
ese episodio cultural no debe circunscribirse a la situación
pasiva de mero espectador. Por el contrario: su función
esencial debe ser la de juez de conciencia que tiene que
decidir, en última instancia, si hay o no un arte
propio.
"Otro
de los fines que se propone el Ministerio con la institución
del Salón Anual de Artistas Colombianos es el crear
en el artista una conciencia del valor de su obra, que además
de estimularlo en la creación estética personal,
lo habrá de capacitar para juzgar y estimar, con
meridiana imparcialidad y sin prejuicio de escuela o de
tendencia, el arte de los demás".
En
el acta de los jurados del primer salón se propuso
crear "una nueva voluntad cultural" que consistía
en que los artistas abrigaran "una razonable confianza
en el estímulo del gobierno" y que en el público
se despertara "una curiosidad que sólo puede
convertirse en entusiasmo". Para esta "nueva situación
cultural" representada en un evento competitivo, el
país no estaba listo, ni existía una infraestructura
para organizarlo. Sin embargo, el salón representó
un rompimiento efectivo con el arte finisecular: la muerte
del paisaje de la escuela de Barbizon -sólo dos paisajistas
tradicionales se presentaron, José María Zamora
y Eugenio Peña, cuyas obras no tuvieron ninguna resonancia-
y del retrato académico. El salón representó,
en esta primera etapa, un rompimiento efectivo con el centenarismo
dentro del arte colombiano.
Claro
que ese Salón no fue en ningún momento revolucionario
y eso lo reconocen los comentaristas de su época
como Alberto Durán Laserna: "El conjunto general
de las obras presentadas no indica nada nuevo, ni nada extraordinario,
fuera de que casi todo lo conocíamos desde exposiciones
anteriores. Rara vez sorprenden los consagrados. Apenas
si asoman valores nuevos (...) Nada sorprendente. Nada revolucionario.
Nada que se salga de las 'buenas maneras' en pintura (excepto
los cuadros de Carlos Correa). Esta exposición tiene
un estupendo tono menor".
El
público acudió en masa a visitar el Salón.
Más de 10.000 personas firmaron el libro de asistencia.
La polémica no la originaron las tendencias o algunas
obras en particular sino los premios. Y esa ha sido una
de las constantes en la larga historia del Salón.
Marta Traba llamaba "batallas" a sus críticas
a los premios y entregas de los salones entre 1957 y 1969.
Otra de las constantes ha sido el escándalo que causan
ciertas obras, la mayoría de tipo religioso.
Después
de 64 años y 38 entregas, el Salón Anual de
Artistas Colombianos ha sido considerado "el primer
escenario del arte colombiano" desde la fecha de su
fundación y el "termómetro infalible",
según la crítica de arte Marta Traba, en la
década de 1960. Hasta el momento continúa
siendo la referencia del estado de las artes colombianas.
El
Salón Anual de Artistas Colombianos ha sido el espacio
adecuado en la lucha para la comprensión del arte
moderno en el país. Ha sobrevivido a los embates
de las ideologías reaccionarias. Al margen del sectarismo
político, y ya en el terreno de la sociología
del arte, el Salón fue una creación de un
gobierno liberal. Se debe tener en cuenta que el primer
intento oficial de crear un salón de artistas propiamente
dicho tuvo lugar el 8 de agosto de 1931, durante el gobierno
de Enrique Olaya Herrera.
El
Salón Anual de Artistas Colombianos ha sobrevivido
en el terreno de las artes plásticas a las innovaciones
de los no-objetualistas y a la desinstitucionalidad de los
posmodernistas. Sin embargo, el Salón Nacional de
Artistas, como se denomina actualmente, es otra cosa, en
su estructura moderna. El gobierno propuso desde 1976 un
proyecto descentralizador llamado Salones Regionales. Aunque
su fluidez no ha sido la esperada, sólo 10 salones
regionales en 27 años, ha mostrado su eficacia por
medio del florecimiento de artistas y obras en las regiones
más apartadas del país. De centralista se
convirtió en regionalista.
Los
Salones Regionales son la materia prima del Salón
Nacional de Artistas -la institución artística
más persistente en la historia del arte del país-,
y su importancia radica en los aportes al futuro de todo
el país. Las regiones, después de la Constitución
de 1991, han asimilado los mensajes del centro y han tomado
ventaja hasta convertirse en centros de poder, y esto no
sólo ha sucedido en el terreno político sino
en las artes
*Pintora