COLOMBIA
EXPULSA A LOS PERUANOS DE TARAPACÁ
Septiembre 1 de 1932
La única guerra internacional
El conflicto amazónico contra Perú afianzó,
como tal vez nunca antes y pocas veces después, la
unidad nacional colombiana.
Por
Alberto Donadío*
Un
puñado de peruanos rodeó la residencia del
ministro de Colombia en las afueras de Lima el sábado
18 de febrero de 1933 después del discurso del general
Luis Miguel Sánchez Cerro, presidente del Perú.
A las 10 de la noche, este monigote había dicho por
radio: "Nuestros adversarios sabrán lo que significa
atacar al Perú". Media hora más tarde,
ante las amenazas de los merodeadores, abandonaron la casa
situada en el número 502 de la avenida de Chorrillos,
la hija del embajador, Beatriz Lozano Simonelli, de 12 años,
y su esposa Elena Simonelli Ratti, peruana de familia italiana
y emparentada con Achille Ratti, en ese momento papa Pío
XI. El ministro, Fabio Lozano y Lozano, accedió a
retirar el escudo de Colombia, por solicitud de un guardia
peruano.
Luego
llegaron centenares de asaltantes, muchos de ellos de los
clubes sanchezcerristas. Gritaban "Abajo Colombia"
y "Muerte a Olaya Herrera". Entraron a la legación
y destrozaron los cristales, las ventanas y los muebles,
demolieron a piedra un piano, despedazaron un perrito del
hijo del ministro, robaron las joyas, las alfombras, la
platería y los cuadros. Lozano se escondió
en un cuarto con llave. Cuando la turba lo localizó,
saltó por una ventana y se refugió en un rincón
del sótano, donde lo encontró con una linterna
a las 3 de la mañana el prefecto de Lima.
El
asalto a la legación -tal vez la única ocasión
en que ha sido saqueada una misión diplomática
colombiana- fue la respuesta peruana a la recuperación
colombiana de Tarapacá. El 14 de febrero aviones
peruanos atacaron la flotilla naval organizada con extraordinaria
celeridad por el general Alfredo Vázquez Cobo a raíz
de la toma de Leticia el primero de septiembre de 1932.
El mismo día 14, Vázquez Cobo intimó
rendición a los peruanos que ocupaban este puerto
sobre el río Putumayo. Los peruanos huyeron sin oponer
resistencia y las fuerzas colombianas recuperaron Tarapacá
el 15 de febrero. En Bogotá, por cuenta del ataque
de la aviación, el presidente Enrique Olaya Herrera
rompió relaciones diplomáticas con el Perú
ese mismo día.
El
comienzo de la guerra
Civiles
peruanos se habían tomado Leticia seis meses atrás,
azuzados por el dueño de un ingenio que desde la
entrega del trapecio a Colombia en 1930 tenía que
pagar derechos de aduana para exportar el azúcar
a Iquitos, su único mercado. Sánchez Cerro
convirtió una ocupación privada y comercial
en invasión peruana al enviar tropas que ocuparon
Leticia y Tarapacá y derogar unilateralmente el tratado
Lozano-Salomón que había zanjado la cuestión
de fronteras entre los dos países. El tratado de
1922 fue obra de Fabio Lozano Torrijos, ministro de Colombia
en Lima, y padre de Lozano y Lozano.
Aunque
aprobado por los congresos de ambos países, el tratado
fue rechazado de facto en el Perú, país que
ha mantenido pleitos fronterizos -y varias guerras- con
todos sus vecinos (Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia y Brasil),
salvo con el océano Pacífico. El rechazo fue
mayor en Loreto, el departamento amazónico, no solamente
porque los peruanos fueron los primeros colonos del trapecio
sino porque fueron los asesinos peruanos de la Casa Arana
quienes para la conquista del caucho sometieron a los indios
del Putumayo a un estado de esclavitud por cuenta de la
Casa Arana de Julio César Arana, que aún hoy
sigue siendo considerado héroe nacional en el Perú.
Arana,
un vendedor de sombreros panamá, llegó a ser
con su conquista del Putumayo en las postrimerías
del siglo XIX, lo que hoy se llamaría uno de los
grandes empresarios latinoamericanos, pues el caucho era
el oro negro del momento.
Nacionalismo
Los
colombianos fueron inicialmente indiferentes a la invasión.
Pero cuando el 17 de septiembre de 1932 el gobierno peruano
se opuso a que las cañoneras colombianas apostadas
en el Putumayo se trasladaran a Leticia, el clima cambió
y el patriotismo se desbocó. Laureano Gómez,
el jefe de la oposición, exclamó en el Senado:
"Paz, paz, paz en lo interior. Guerra, guerra, guerra
en la frontera contra el enemigo felón". El
estudiante de derecho Enrique Caballero Escovar pregonó
que los universitarios persignarían el cielo con
la cruz de acero de los aviones de guerra.
El
Tiempo dijo haber recibido el día 19, 10.000 cartas
de adhesión a la recuperación de Leticia y
los estudiantes desfilaban con sus maestros por las calles
de Bogotá cantando: "Sánchez Cerro morirá
y Colombia vencerá". Se aprobó un empréstito
de 10 millones de dólares que sirvió para
financiar la flotilla de Vázquez Cobo y se fundieron
miles de argollas nupciales, donadas en todo el país,
por iniciativa del ingeniero huilense César García
Álvarez, que lanzó la idea en una carta a
los diarios El Tiempo, El Espectador, El Diario Nacional,
El País y Mundo al Día. Las argollas fundidas
pesaron 400 kilos de oro.
Sánchez
Cerro creía que Colombia no podía defenderse.
A la ausencia de vías terrestres se sumaba la virtual
inexistencia de una marina militar y la gran distancia entre
el trapecio y los puertos atlánticos. El equilibrio
de fuerzas cambió cuando a finales de diciembre de
1932 Vázquez Cobo arribó a la desembocadura
del Amazonas con una flota de barcos viejos que adquirió
en Europa. En 90 días Colombia organizó una
respetable respuesta militar, una proeza para la época.
Herbert Boy y otros aviadores alemanes y colombianos de
la Scadta adaptaron sus aviones comerciales como improvisada
fuerza aérea.
Olaya
no autorizó la reconquista de Leticia con la flota
naval porque en el puerto había más tropas
peruanas que en Tarapacá y porque a diferencia del
Putumayo, en el Amazonas solamente una ribera era colombiana
y la otra, brasileña. En cambio, la reconquista de
Tarapacá era una victoria garantizada.
La
recuperación de Leticia se abrió paso poco
después con el asesinato de Sánchez Cerro
el 30 de abril de 1933. Al salir de un discurso en el hipódromo
de Lima, donde afirmó: "Yo como miembro viril
del Ejército Peruano..." le disparó un
joven cocinero aprista.
Su
sucesor, el general Óscar Benavides, se reunió
15 días después en Lima con el jefe del Partido
Liberal, Alfonso López Pumarejo, que viajó
con sus hijos Fernando y Alfonso. El Perú reparó
la casa de la legación, destruida en febrero, y aceptó
entregar Leticia a una comisión de la Sociedad de
Naciones, que permaneció un año.
Colombia
y el Perú se reunieron luego en Río de Janeiro
para pactar la paz. En el protocolo que se firmó,
el Perú reconoció que "deplora sinceramente
(...) los acontecimientos ocurridos a partir del primero
de septiembre de 1932, que perturbaron sus relaciones con
Colombia". Recuperó su vigencia el tratado Lozano-Salomón
y la asamblea de Boyacá rebautizó el municipio
de La Paz, con el nombre de Paz de Río, en recuerdo
de la paz alcanzada en la entonces capital del Brasil.
El
conflicto amazónico afianzó, como tal vez
nunca antes y pocas veces después, la unidad nacional
colombiana. En un país que ha vivido en guerras civiles
y conflagraciones internas, el conflicto con el Perú
fue para Colombia el único enfrentamiento bélico
exterior del siglo XX, aparte del contingente de tropas
enviado a Corea.
*Periodista
y escritor, autor del libro 'La guerra con el Perú'