COMIENZA
A EMITIR LA 'HJN'
Septiembre 5 de 1929
Colombia al aire
La llegada de la radio transformó a Colombia para siempre.
Pocos países han sido tan influenciados por ese medio
de comunicación en el mundo.
Por
Eduardo Arias*
Hace
unas pocas semanas, en el marco del Festival de Cine Europeo,
Eurocine, se presentó en Bogotá la película
24 horas de fiesta, en la que se señalaba como día
histórico el 4 de junio de 1976, cuando 42 personas
asistieron a una presentación de los Sex Pistols
en Manchester que partió en dos la historia musical
de la ciudad. Lo mismo puede decirse del 5 de septiembre
de 1929, exactamente 64 años antes del tan recordado
5-0 a Argentina en la cancha de River. Ese día se
emitió por primera vez la señal de la HJN,
y estas dos horas de programación llegarían
a lo sumo a unas pocas decenas de personas pues en Colombia,
se calcula, existían entonces unos 200 ó 250
receptores.
Un
día que hoy nadie recuerda, que no figura en casi
ningún libro de historia ni en el imaginario de nadie,
como el 4-4 ante la Urss, el triunfo de Luz Marina Zuluaga
en Miss Universo o el día que dieron de baja a Pablo
Escobar. Sin embargo ese día germinó, tímida
y balbuceante, una semilla que sería, por un lado,
el origen de la radio cultural en Colombia, que hoy se precia
de contar no sólo con el sistema de la Radiodifusora
Nacional de Colombia, sino también con la Hjck y
un buen número de emisoras universitarias que desde
distintas ciudades del país promueven los valores
de la cultura nacional y universal.
Mucho
más impactante aún, la HJN fue el primer paso
concreto de un proceso responsable en gran medida de la
acelerada transformación del país en los últimos
70 años. Fue de la mano de la radio que Colombia
entró de lleno en el siglo XX, luego en la modernidad,
y en gran medida gracias a ella, de manera directa e indirecta,
se ha convertido en la nación que es hoy. La radio,
a través de las cadenas nacionales, ha permitido
que regiones separadas por largas distancias y accidentes
geográficos se conozcan entre ellas y encuentren
en la radio motivos de unidad nacional. Desde un triunfo
deportivo que llena de orgullo al país entero hasta
la noticia de una catástrofe nacional que en pocas
horas transforma a Colombia en la nación más
solidaria del mundo. La radio hizo posible que la Vuelta
a Colombia, un evento deportivo que se corría por
trochas impracticables, paralizara al país durante
dos o tres semanas enteras cada año y, de paso, se
convirtió en una lección de geografía.
La
radio, nadie lo duda, ha cambiado en los últimos
70 años el rostro de Colombia y la imagen que de
ella tienen sus habitantes. Para bien y para mal.
Los
tiempos del ruido
Resulta
importante anotar que en 1929 no sólo nació
la HJN sino que también apareció la HKD (el
8 de diciembre), más tarde conocida como La Voz de
Barranquilla, y que los estudiosos consideran como la primera
estación privada del país.
El
de la HJN fue un parto muy largo. Ya en 1924, durante el
gobierno de Pedro Nel Ospina, se había destinado
un terreno para ubicar los equipos contratados un año
antes con la casa Telefunken de Berlín. Los trabajos
se terminaron en 1927, siendo ya presidente Miguel Abadía
Méndez, bajo la dirección del ingeniero alemán
Richard Schloenssen.
El
gobierno aseguraba que en agosto o septiembre de aquel año
comenzaría a emitir. Sin embargo la promesa se pospuso
varias veces. Leopoldo Ortiz Borda, jefe de inalámbricos
del Ministerio de Correos y Telégrafos, anunció
que comenzaría a emitir antes del primero de abril
de 1929, tal como lo reseñó la revista Chapinero
del primero de enero de 1919. Se prometieron nuevas fechas
(20 de julio, 3 y 7 de agosto) hasta que por fin la HJN
salió al aire con la siguiente programación:
música a cargo de la orquesta del maestro Alejandro
Wills y la lira de Pedro Morales Pino; luego, palabras de
José de Jesús García, ministro de Correos
y Telégrafos. Este sencillo programa se originó
en los estudios instalados en el Capitolio Nacional. Desde
allí la señal iba al transmisor Telefunken
de Puente Aranda, entonces al occidente de la ciudad, hoy
una de las localidades del casco urbano.
En
su primera etapa la HJN transmitía de lunes a sábado
entre las 8 y las 10 de la noche. Además de música,
a los oyentes se les ofrecían conferencias, noticias
de Colombia y el exterior, notas de la vida diaria en Bogotá
e información bursátil. En sus primeros tiempos
la emisora pasaba cuñas publicitarias que ayudaban
a su sostenimiento, una política que se cambió
al llegar al poder la administración liberal de Enrique
Olaya Herrera, que consideró que era deber del Estado
sostener la emisora, como ha ocurrido desde entonces con
la HJN y su sucesora, la Radiodifusora Nacional de Colombia.
Como
señala el sociólogo Milciades Vizcaíno
Gutiérrez, integrante del grupo de Teoría
Social de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad
del Rosario en su ensayo La HJN: precursora de la radio
colombiana y soporte en la construcción del Estado-Nación,
la estación funcionó porque el país
había montado poco a poco la infraestructura técnica
requerida. "Sin ella, el proyecto modernizador se hubiera
aplazado por algunos años. El abuelo podría
decirse que estuvo encarnado en la telegrafía sin
hilos o la radiotelegrafía mientras que el padre
fue realmente el radiófono o el teléfono inalámbrico".
El autor destaca algunos hitos importantes. "En 1920
la empresa Marconi ofreció al gobierno colombiano
la posibilidad de ensayar un puente entre Bogotá
y Girardot como uno de los primeros experimentos de trascendencia;
el presidente Pedro Nel Ospina, el 22 de abril de 1923,
inauguró la Estación Internacional de Morato,
la cual había sido construida en Engativá
por la Marconi Wireless; desde 1918 había surgido
la iniciativa de crear el Ministerio de Correos y Telégrafos,
pero sólo se reglamentó en 1929 y se puso
en funcionamiento".
Hacia
1928 la radiodifusión en Colombia era un beneficio
que compartían un puñado de gomosos radioaficionados
que se reunían para escuchar emisiones provenientes
de Estados Unidos, Alemania y Eindhoven (Holanda, sede de
la casa Philips), así como las señales de
la BBC de Londres y Radio Francia.
Esta
minoría (antecesora de la 'inmensa minoría'
de la que se precia la Hjck) presionaba al Estado para que
Colombia tuviera una estación con fines informativos
y culturales. Como señala Vizcaíno, "a
finales de 1928 se constataba una paradoja: Bogotá
era tal vez la ciudad de América Latina en donde
funcionaban más aparatos de onda corta; pero también
era la única capital de la región en donde
no funcionaba una estación radiodifusora". La
ya citada revista Chapinero abanderó esta campaña
para dotar a Bogotá y al país de una emisora
de carácter cultural. "No sabemos cuál
es la causa para que aún no se haya inaugurado el
'broadcasting' de Bogotá, pues se han gastado ya
grandes sumas en la instalación de las máquinas
y edificios para la estación. El Ministerio de Comunicaciones
debe apurar a los contratistas para que entreguen pronto
la radiodifusora de Bogotá, o ceder el campo a las
iniciativas particulares. Esta ciudad es la única
capital del continente que no tiene una estación
radiodifusora".
Con
el nombramiento de Daniel Samper Ortega, director de la
Biblioteca Nacional, como encargado de la dirección
de la HJN entre el 3 de marzo de 1932 y el 30 de junio de
1933, se consolidó la estrategia del Gobierno de
"colocar el radio al servicio de la cultura nacional.
Por lo tanto, los programas musicales se arreglarán
de manera que el público se vaya familiarizando poco
a poco con los grandes maestros, y todas las noches habrá
conferencias sobre temas netamente culturales: los problemas
de la enseñanza primaria, secundaria y universitaria,
los institutos que influyen en la vida cultural y artística
del país, como la Biblioteca Nacional, la Escuela
de Bellas Artes, el Conservatorio y la Dirección
Nacional de Bellas Artes. Serán transmitidas también
las conversaciones de la Academia de Historia y las de las
entidades que, como el Club Rotario y el Centro de Estudios,
abordan con frecuencia temas positivamente interesantes
para la construcción espiritual del país,
así como lecturas sobre temas científicos
que sirvan para extender más allá de los claustros
los servicios de la Universidad". En esta misma comunicación,
el director anunciaba su intención de "no dejar
pasar inadvertida ninguna efemérides para la historia,
la cultura y el arte colombianos, y ninguna de las más
sobresalientes de otros países". La programación
también tenía en cuenta a los niños.
A los planteles educativos se les eximió de impuestos
a la importación de radios para estimular su uso
en las aulas. Centenares de telegramas efusivos provenientes
de diversos países de América Latina daban
a entender que este esfuerzo cultural no era en vano.
Este
modelo perduró en las primeras dos décadas
y sólo en los años 50 apareció en la
programación de la Radiodifusora un nuevo género,
el de los radioteatros y la radionovela, que se hizo muy
popular en emisoras comerciales y que le dio origen a los
teleteatros y las telenovelas a partir de 1954, cuando se
instaló la televisión en Colombia.
Los
problemas financieros, sin embargo, no faltaron en estos
primeros años. Muchos de los programas se hacían
en vivo, así que si los músicos decidían
no tocar por falta de pago, significaba que la programación
sufría graves perturbaciones. Aunque los funcionarios
del gobierno felicitaban a la emisora por su gestión
y por el aumento de su cobertura, casi nunca podían
cumplir con las necesidades económicas de la HJN.
En
los 30 también preocupaba que la emisora llegara
a lugares como Manizales, Cúcuta, Quibdó,
Bucaramanga, Neiva, Ibagué y Pasto, donde no existían
receptores, mientras que Barranquilla solicitaba emisiones
en onda corta y Tunja y Cali se quejaban de la calidad de
la transmisión.
Para
resolver estos inconvenientes financieros y técnicos
el gobierno de López Pumarejo suspendió las
operaciones en noviembre de 1937 y volvió a operar
el primero de febrero de 1940, durante el mandato del presidente
Eduardo Santos.
La
HJN había cambiado de nombre. Ahora se llamaba Radiodifusora
Nacional de Colombia, pero mantenía intacto el espíritu
de la HJN, que la ha convertido en un patrimonio de la Nación.
*Editor
de Cultura de SEMANA