NACE
LA BANCA CENTRAL
Julio 23 de 1923
El banco de los bancos
El país adoptó medidas para garantizar la
estabilidad macroeconómica a partir de la misión
Kemmerer, gestora del Banco de la República.
Por
Salomón Kalmanovitz*
Colombia
entró en el siglo XX en medio de una cruenta guerra
civil, perdida su más valiosa provincia, la de Panamá,
con hiperinflación y desconectada del mercado internacional
de capitales. La experiencia con el Banco Nacional fundado
en 1880 había probado ser negativa para el desarrollo
económico y para la profundización financiera,
que incluso retrocedió. La única función
del Banco Nacional fue la de financiar gratuitamente al
gobierno, en especial sus gastos de guerra, lo que hizo
trepar el nivel de precios al 300 por ciento en 1902, y
liquidó la poca riqueza que había logrado
acumular el sector privado durante el siglo XIX.
La
reconciliación de los bandos en contienda, explícita
en las reformas de 1910 a la Constitución, que la
hicieron tolerante, y la escogencia de políticos
pragmáticos que se concentraron en cómo aumentar
las exportaciones de café y adelantar la atrasada
infraestructura de Colombia, permitieron que su economía
creciera casi sin interrupciones durante el siglo XX. El
recurso de polarizar al país y perseguir al liberalismo
quedó enterrado durante algunos años, aunque
reaparecería hacia la mitad del siglo XX.
La
tarea monetaria fundamental de los gobiernos a partir del
general Rafael Reyes fue recoger el exceso de circulante
emitido por la tesorería durante los años
de la guerra con una política bastante draconiana,
con algunas pocas emisiones de títulos de deuda pública
que sirvieron de dinero y permitiendo, además, el
uso de monedas extranjeras para aceitar el sistema de pagos.
Las tasas de interés tenían que ser entonces
bastante elevadas. Todos los sectores políticos se
sintieron temerosos de atacar el problema de un nuevo banco
central, dados los corrosivos resultados de la experiencia
anterior, y no se ponían de acuerdo en cómo
proceder para establecer una nueva institución.
Banco
central
En
el arreglo de la toma de Panamá por Estados Unidos
ese país aceptó pagar una indemnización
al país por 25 millones de dólares, que incluyó
una apertura a las inversiones petroleras en Colombia y
al mercado internacional de capitales. Se hizo necesario
crear las instituciones para manejar la liquidez de manera
racional, reorganizar las cuentas fiscales para monitorear
la deuda pública externa y supervisar adecuadamente
el sistema bancario. Como los partidos no se podían
poner de acuerdo sobre cómo proceder, se requirió
de un árbitro extranjero, el profesor de Harvard
Edwin Kemmerer, tildado como "el médico internacional
de la moneda", quien llegó al país en
1922 con la misión de sentar los cimientos de un
banco central, de la Contraloría General de la República
y de la Superintendencia Bancaria.
El
Banco de la República fue definido como semipúblico.
El gobierno aportaría la mitad de su capital, pero
tendría una representación de sólo
tres miembros con voz pero sin voto en una junta directiva
de 10. De los otros siete había tres banqueros y
el resto eran representantes del comercio y de la agricultura.
En caso de ingentes problemas del fisco, el banco le podía
prestar al gobierno hasta el 30 por ciento de su capital,
pero a tasas de mercado. Se trataba de un banco de bancos,
prestamista de última instancia que alimentaba la
liquidez del sistema financiero mediante préstamos
de corto plazo.
Sin
embargo no tardó mucho la iniciativa pública
en dar lugar al Banco Agrícola Hipotecario que inició
operaciones en 1924 (ley 68). Tenía un capital suscrito
en 50 por ciento por el gobierno nacional, y el resto por
gobiernos departamentales y municipales, así como
por entes privados. Con el tiempo, éstos se multiplicarían
en medio de malos manejos y pérdidas que tenían
que ser enjugadas siempre por el presupuesto público.
El
Banco de la República tuvo que abrir sus puertas
antes de lo planeado porque reventó una crisis financiera
internacional que dio al traste con la institución
bancaria privada más grande de la época, el
Banco López, cuyo edificio quedaba en la Avenida
Jiménez entre carreras séptima y octava, hoy
ocupado por el Banco Cafetero. El final del puente festivo
propiciado del 20 de Julio en 1923 resultó ser la
fecha inaugural del Banco de la República.
La
crisis puso de presente una de las funciones fundamentales
que debía prestar el nuevo ente, cual era frenar
y salvar crisis financieras. El Banco López cerró
sus puertas un viernes y al martes siguiente sus instalaciones
estaban ocupadas por el nuevo banco central, que entró
a garantizar los depósitos de sus clientes, con lo
que evitó una crisis generalizada del sistema financiero
y de pagos.
Camino
establez
El
impacto sobre las tasas de interés de una mayor y
segura liquidez fue muy rápido: aquellas bajaron
de niveles superiores al 15 por ciento a unos nuevos entre
8 y 9 por ciento, donde se quedaron hasta la crisis de 1929.
Las nuevas instituciones y las organizaciones correspondientes
entraron en vigencia en el contexto de una economía
en rápida expansión. En efecto, la economía
creció a una tasa media del 6,6 por ciento entre
1920 y 1929. Los activos bancarios pasaron de representar
12,7 por ciento del PIB en 1925 a 22,1 por ciento del PIB
en 1929, lo cual ayudó a apalancar más aún
el desarrollo de la acumulación de capital, del consumo
y de la construcción.
Con
la fundación del banco central se contribuyó
a la 'estabilidad macroeconómica' del país.
El régimen monetario correspondió al de un
patrón oro regulado, en el cual el banco podría
intervenir en el mercado de cambios para estabilizar la
cotización de la moneda nacional. En momentos en
los que aumentaban las exportaciones de café y los
gobiernos locales y el central se endeudaban en el exterior
para adelantar la red de ferrocarriles y de carreteras -que
daría, por fin, existencia a un mercado interior-
la tasa de cambios se movió relativamente poco. A
la estabilidad de la tasa de interés y de los precios
se sumaba entonces un peso que mantenía su valor
frente al dólar y ello permitía una fluidez
considerable de los capitales que entraban y salían
del país, lo que permitía prever razonablemente
el curso futuro de cada una de las variables monetarias
y cambiarias.
Todo
este andamiaje basado en el libre mercado y en el patrón
oro sería cambiado con la crisis mundial de 1929,
que obligó a repensar cada uno de los instrumentos
de intervención del banco central.
Sus
administradores obtuvieron entonces más discreción
en sus decisiones de salirse del patrón oro, de permitir
la devaluación del peso, de emitir, de prestarle
al gobierno o de declarar una moratoria general para los
agentes endeudados que no pudieron honrar sus obligaciones
hasta que se salió de la gran depresión. Tales
políticas contribuyeron a que la crisis fuera superada
con relativa rapidez y que la economía colombiana
volviera a tener fuertes crecimientos de 1933 en adelante.
*Economista,
codirector del Banco de la República