INAUGURACIÓN
DEL FERROCARRIL DE PANAMÁ
Enero 28 de 1855
En el centro del mundo
El
tren que atravesaba el istmo era una de las obras de ingeniería
más importantes del planeta
Por
Por: Gustavo Arias de Greiff*
Ciudad
de Panamá fue la primera gran metrópoli que
tuvo Colombia.
Se
dice que Bolívar,
al terminar la campaña libertadora, habló
de construir un camino de hierro a través de Panamá,
afirmación que no parece cierta porque el primer
ferrocarril de servicio público sólo se estableció
en 1825, pero que indica la importancia del istmo cuya independencia
ya se había planteado desde 1830. La historia del
ferrocarril de Panamá, el primero en Colombia, se
remonta a 1828 con la contratación de J. A. Lloyd
por el gobierno de la Gran Colombia para investigar una
ruta para la línea; por falta de fondos el asunto
se olvidó hasta 1835. En ese año el estadounidense
Henry Clay instó al Congreso a construir una línea
interoceánica que sería de propiedad norteamericana,
y 12 años después, en junio de 1847, la república
otorgó otra concesión a Mateo Klein, que representaba
a la Compañía Francesa de Panamá, pero
la obra tampoco se hizo por la falta de recursos.
En
Estados Unidos la compra del territorio de Oregón,
la invasión de California y la fiebre del oro despertaron
un enorme interés por la travesía marítima
desde la costa este hasta la del Pacífico; la ruta
por Panamá, 15.000 kilómetros más corta
que la del cabo de Hornos, tenía una solución
de continuidad en el istmo y era lógico pensar en
cruzarlo con un ferrocarril, antes que con un canal, y entonces
los norteamericanos John Stephens, William Aspinwall y Henry
Chauncey obtuvieron la concesión para construirlo.
El
28 de diciembre de 1848 Pedro Alcántara Herrán,
a nombre del gobierno de José Hilario López,
suscribió con los concesionarios un contrato en Washington.
Al año siguiente se formó la compañía
Panama Railroad y en 1850 se firmó con ella el contrato,
que fue aprobado por el Congreso el 4 de julio. El contrato
dio innumerables prebendas a los norteamericanos, entre
ellas los derechos exclusivos para establecer el camino
de hierro, para navegar el Chagres, para construir un canal
y para usar los puertos situados en los extremos así
como la cesión de los terrenos necesarios para la
línea, los puertos, los almacenes y estaciones, el
derecho a posesión de tierras baldías en la
isla de Manzanillo, la cesión a perpetuidad de 100.000
fanegadas de baldíos en las provincias de Panamá
y Veraguas y la exención de derechos de importación
de todos los materiales necesarios para la obra. En retribución
el gobierno recibiría el 5 por ciento de lo producido
por el correo y el 3 por ciento de los beneficios netos
de la empresa en la misma proporción en que se repartieran
sus dividendos a los accionistas.
En
1852 se habían terminado y puesto en servicio 24
kilómetros de vía; en 1854 los rieles llegaron
a la garganta de La Culebra y los 77 kilómetros de
vía se terminaron, de Colón (ciudad cuyo nombre
se propuso cambiar por el de Aspinwall) a Panamá,
a principios de 1855. El ferrocarril tuvo un costo de siete
millones de dólares y su construcción fue
tan difícil que más de 10.000 hombres murieron
durante la construcción, en especial por las enfermedades
tropicales, por lo que se llegó a decir que debajo
de cada traviesa estaba la tumba de un trabajador.
La
inauguración tuvo lugar el 28 de enero de 1855, según
relata Octavio Arismendi Posada, "en medio de un impresionante
entusiasmo de la población". Gobernaba la Nueva
Granada el vicepresidente José de Obaldía,
uno de los tres panameños que ocuparon la primera
magistratura.
Desde
un comienzo el tráfico superó la capacidad
de la vía, así que la compañía
impuso tarifas exageradas sin más efecto que hacer
del ferrocarril de Panamá el más rentable
del mundo (en 1868, por ejemplo, las utilidades superaron
los 4,3 millones de dólares). Con los productos del
ferrocarril de Panamá se financiaron otras vías
férreas y la empresa fue durante mucho tiempo una
de las principales fuentes de ingresos del país.
Dice
Alfredo Ortega que "la afluencia de gente a través
del istmo dio origen en 1877 a un grave conflicto, que motivó
una reclamación en la cual el país pagó
250.000 pesos de indemnización a súbditos
norteamericanos. Miguel Samper, ministro de Hacienda en
1869, abrigó desde entonces serios temores respecto
a la soberanía que Colombia pudiera tener en el futuro
sobre Panamá...". El historiador se refiere
al "melón de Panamá", incidente
entre panameños y norteamericanos que desembocó
en la muerte de dos de aquellos y 15 de estos, por lo que
Estados Unidos pretendió, como indemnización,
que se le cedieran las tierras ocupadas por el ferrocarril
y por Colón y Panamá. La pretensión
fue negada, desde luego, pero ya se evidenció que
el dominio de Colombia sobre el istmo no duraría
mucho.
En
1881 Fernando de Lesseps formó la Compagnie
Universale para construir un canal, pero encontró
que los privilegios de la Panama Railroad incluían
hacer esta obra y entonces la compró, desembolsando
casi tres veces su valor ya que las acciones estaban a 100
dólares y las pagó a 291.
La
compañía, ahora francesa, estaba obligada
a llevar el ferrocarril hasta las islas del Pacífico,
pero al comenzar la guerra de los Mil Días,
el jefe civil y militar de Panamá, Carlos Albán,
la exoneró de este compromiso, con autorización
del gobierno, a cambio del pago de 200.00 pesos oro americano,
que se despilfarraron en campañas militares, otro
claro ejemplo de la funesta injerencia de las ambiciones
partidistas en el desarrollo del país.
Vino
después la separación de Panamá,
por la cual su promotor, Estados Unidos, obtuvo lo que pretendía
desde hacía muchos años. Lo que sí
queda claro es que el istmo, por su importancia para el
comercio mundial, atrajo intereses internacionales casi
desde su descubrimiento por Vasco Núñez de
Balboa y que el ferrocarril, con los trabajadores extranjeros
que lo construyeron y con su tráfico mayoritariamente
estadounidense, contribuyó a debilitar aún
más la precaria soberanía que Colombia tuvo
sobre la actual República de Panamá; no debemos
olvidar que el istmo está aislado físicamente
'del continente' por las selvas del Darién, y que
la construcción de una vía carreteable o de
un ferrocarril para conectar a Panamá con Colombia
es casi imposible, y (afortunadamente) nunca se hará.
La
pérdida del territorio panameño, que era la
"joya de la corona", es tan sólo
la única entrega de zonas colombianas a nuestros
vecinos que recordamos; por tratados mal concebidos u omisiones
de nuestros "padres de la patria", que
sólo miran hacia el Capitolio, perdimos territorios
que iban por el Orinoco
desde San Fernando de Atabapo hasta el caño Casiquiare,
por éste a la piedra del Cocuy, de allí al
río Cababurú, a la laguna Cumapi, y siguiendo
por el brazo Avantiparaná hasta el Amazonas
y por éste a Leticia,
además de los situados entre el Putumayo y el Napo
y entre el Arauca y el Meta,
territorios que tienen una extensión al menos cuatro
veces mayor que la de Panamá.
¿Será
el 28 de enero de 1855 un día digno de celebración?
.
*Ingeniero
experto en transporte