Mayo 10 de 1814
La derrota del Precursor
¿Qué
hubiera pasado en la historia de Colombia
si Antonio Nariño
no hubiera perdido en Pasto? Apuntes de un
día que cambió el nacimiento del país.
Por
Armando Montenegro*
Una
de las formas ligeras de la historia, popular en
otros países, consiste en preguntarse cosas
como: ¿qué habría pasado si
(What if?) los musulmanes hubiesen triunfado en
la batalla de Tours en 732?, a lo que algunos responden
que Europa hoy no tendría catedrales sino
mezquitas. Se especula, así mismo, que si
Washington hubiese sido derrotado (si no hubiera
cruzado el Delaware, por ejemplo), no se hubiera
dado la Revolución Francesa, porque ésta
se precipitó, entre otras cosas, por la ruina
del gobierno de Luis XVI a causa de su generoso
apoyo a los norteamericanos.
Este
tipo de ejercicios no ha sido frecuente en Colombia.
Una excepción es la tesis que señala
que si Nariño
no hubiese sido derrotado por los pastusos en 1814,
la guerra de Independencia se hubiera acortado en
cinco años y que, además, Bolívar
no sería el Libertador. Esta idea fue expuesta
por primera vez por el propio Nariño en su
Defensa ante el Senado cuando planteó: "¿Sin
la traición de Pasto habría triunfado
Morillo?"... "No, señores, no...".
Esta tesis sería recogida poco después
por José Manuel Restrepo, y más adelante
repetida, sin mayor discusión, por algunos
historiadores tradicionales.
¿
Cuáles
fueron los antecedentes de lo que sucedió en
Pasto en 1814? Ante todo, la situación internacional
se había vuelto en contra de la causa de la
Independencia. Fernando VII había recuperado
el trono unos meses después de la derrota de
los franceses en Vitoria en julio de 1813, y se aprestaba
a retomar el control de su imperio, algo que, como
es natural, animó al bando realista de América.
De hecho, ejércitos leales al rey, compuestos
por limeños, quiteños y pastusos, habían
ocupado a Popayán y a Cali
en julio de 1813. Y al estar todo el occidente en
manos realistas, el gobierno patriota, concentrado
en el centro de Colombia, había quedado amenazado.
Esto
alarmó a los independentistas, quienes habían
estado distraídos en las crudas disputas
de la Patria Boba: por un lado, las Provincias Unidas
de la Nueva Granada, una organización federalista
encabezada por Camilo Torres, y, por otro, el Estado
de Cundinamarca, cuyo presidente era el centralista
Antonio Nariño.
Ante el temor de una invasión realista, Nariño,
ahora con el respaldo de Torres, organizó
un ejército, avanzó hacia Popayán,
tomó esa ciudad, y durante más de
dos meses se preparó para seguir contra Pasto
y Quito.
La
historia de la captura de Nariño en Pasto
es simple. Después de atravesar el Patía
(al sur de Popayán), con cerca de 1.400 hombres,
ganó las alturas del cañón
del río Juanambú, pero sólo
después de sufrir grandes pérdidas;
luego avanzó por el camino a Pasto, siempre
hostigado por guerrillas. Por fin, al frente de
parte de su disminuido ejército, se presentó
en las afueras de Pasto el 10 de mayo de 1814. Tras
combatir durante todo el día, regresó
para buscar el resto de sus hombres, quienes, pensando
que su general estaba muerto, habían huido.
Nariño, entonces, se entregó a los
realistas, y menos de 900 sobrevivientes volvieron
a Popayán.
Difícil
camino
La
tesis de que nuestra historia habría sido
diferente si Nariño
hubiese tenido éxito sostiene, primero, que
después de Pasto, Quito habría caído
en sus manos; y que, una vez ocupado el sur, habría
regresado triunfante al centro y, más adelante,
habría ocupado a Santa
Marta. Y así se concluye que Morillo
no habría podido subyugar a un país
unificado, y que, no habría sido necesario
que Bolívar liberara lo que ya estaba liberado.
Nariño sería el Libertador, no el
Precursor.
Esta
argumentación tiene, por supuesto, rasgos
de insensatez. Es posible que aun si Nariño
hubiese ganado en Pasto, de todas formas toda la
Nueva Granada hubiera caído en poder de los
realistas. En primer lugar, no es obvio que, después
de Pasto, Quito hubiese sido tomada por Nariño.
Su ejército era débil, tenía
divisiones internas y Nariño no era un militar
muy competente (aunque valiente, según todos
los testimonios). Por otra parte, Quito no era tan
vulnerable como sugieren algunos, porque estaba
rodeada por baluartes realistas: al sur, el arrogante
virreinato del Perú; al norte, aunque hipotéticamente
en manos patriotas, las hostiles poblaciones de
Pasto y del Patía; y más cerca, las
combativas Cuenca y Guayaquil.
Pero,
aun si Nariño se hubiese tomado a Quito,
la estabilidad de su gobierno habría sido
muy frágil. En primer lugar, para controlar
los focos realistas del sur habría tenido
que mantener parte de sus tropas en Pasto y Popayán,
algo que habría debilitado su capacidad en
el norte. En segundo lugar, nada permite asegurar
que si Nariño hubiese regresado victorioso
a Santa Fe, éste no se hubiera desgastado
por las predecibles confrontaciones con los federalistas.
Su pleito con ellos, después de todo, sólo
había quedado en suspenso con la campaña
de Pasto, y seguramente se habría reanudado.
Tampoco
queda claro cómo los patriotas, distraídos
en el control territorial y con sus líderes
divididos, hubiesen podido derrotar a Santa
Marta, baluarte español con apoyo de
los realistas venezolanos.
Por
último, aun si se hubiesen dado todas las
condiciones, nada permite asegurar que los patriotas
hubiesen podido impedir la Reconquista de Morillo
quien, sin una cabeza de playa en Santa Marta, de
todas maneras habría penetrado con un fuerte
ejército en la Nueva Granada, entre otros
sitios, por Cúcuta
o por Riohacha.
Hechos
reales
En
lugar de pensar en lo que hubiese podido ser, es
más útil señalar lo que sí
sucedió. Con la derrota de Nariño
se eliminó al más destacado de los
ejércitos granadinos de las guerras de Independencia,
algo que aseguró que las grandes batallas
fueran comandadas, más adelante, por generales
venezolanos, en las cuales los colombianos, con
excepciones como las de Santander
y Córdoba,
tendrían un papel relativamente secundario.
Por
otra parte, con la prisión de Nariño
y los fusilamientos que ordenaría Morillo
se eliminó a toda una generación de
dirigentes, de tal forma que la conducción
de la causa de la República en la Nueva Granada
pasó a hombros de Santander y, luego, a los
de un grupo de jóvenes abogados y militares
cuyo momento estelar ocurriría sólo
después de 1830 (entre ellos Obando, Márquez,
Mosquera y J.H. López).
Por
último, con su victoria, la provincia de
Pasto tomó confianza, formó sus líderes
(entre ellos el legendario Agustín Agualongo),
fogueó sus milicias y así se preparó
para una enconada lucha contra los patriotas que
duraría casi otros 10 años.
*Economista,
autor de "Una historia en contravía:
Pasto y Colombia", Bogotá, El Malpensante
Editores, 2002.