COMIENZA
LA EXPEDICIÓN BOTÁNICA
El
redescubrimiento
El
inventario de la naturaleza ordenado por Carlos III fue
el punto de partida para explorar el territorio y formar
a los próceres de la Independencia.
Por
José Antonio Amaya*
José
Celestino Mutis dedicó buena parte de su vida
a la investigación y la difusión de conocimientos
en la Nueva Granada. Murio sin ver publicada su obra.
La
Revolución
de los Comuneros de 1781 planteó la necesidad
de introducir reformas de envergadura en el Nuevo Reino
de Granada. Presionadas por las secuelas que había
dejado este movimiento, el gobierno español se vio
abocado a redefinir la política científica
vigente en Madrid para Lima y Santafé desde 1778.
La
urgencia de restaurar la fidelidad criolla determinó
al arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora
a autorizar el establecimiento provisional de la Expedición
Botánica, el 29 de abril de 1783. Incluso le notificó
al Ministro de Indias, su jefe, el marqués de Sonora
José de Gálvez, que si la Corona rehusaba
el proyecto, él lo financiaría de su bolsillo;
a tal punto consideraba indispensable la nueva institución
para garantizar la gobernabilidad del Reino. Gálvez
preparó para la firma de Carlos III las disposiciones
ratificatorias de la nueva entidad, a saber, la Real Orden
del 6 de septiembre de 1783, promulgada por Real Cédula
del primero de noviembre siguiente.
El
principal escollo a los planes del Virrey fue la Expedición
de Santafé, nuestra 'primera' expedición botánica.
Aprobada en 1778 por iniciativa del primer profesor del
Jardín Botánico de Madrid, Casimiro Gómez
Ortega, y puesta a cargo del médico panameño
Sebastián José López Ruiz, esta empresa
había sido concebida como un 'apéndice' de
la Expedición Hispano Francesa al Perú y Chile
organizada en 1777. En semejante concepción no se
respetaba el carácter de virreinato de Nueva Granada,
establecido definitivamente en 1739, sino que se reproducía
la antigua dependencia del Perú. Con este criterio
se había comisionado a los expedicionarios de la
parte española, Hipólito Ruiz y José
Pavón, para que de regreso a Madrid pasaran por Santafé
a recoger las colecciones formadas por López; sin
embargo el levantamiento de Túpac Amarú
(1781) y el de los Comuneros les obligó a posponer
el cumplimiento del encargo, aunque resulta improbable que
López hubiera iniciado una flora de Santafé,
o mantenido correspondencia con Madrid o con Lima.
El
desmonte de esta Expedición de Santafé y el
establecimiento de la Expedición Botánica
del Nuevo Reino de Granada -al mismo nivel y con idénticas
prerrogativas que la del Perú y Chile- le permitieron
a Caballero hacer un despliegue de poder que demostraba
el inicio de una nueva época y la ruptura con la
política de Manuel Antonio Flórez, el virrey
que había sorteado la revolución durante la
cual se promovió el Arzobispo y que, además,
había sido el protector de López.
La
nueva Expedición fue puesta bajo la responsabilidad
del gaditano José Celestino Mutis, reconocido como
lazo de unión entre las élites enfrentadas,
pues conocía las alianzas del mundo cortesano -era
confesor de Caballero- y los secretos de la facción
criolla. Desde su arribo al reino en 1760 venía adelantando
una Historia Natural, con recursos propios y apoyo de Linneo
y de sus discípulos en Suecia. En calidad de socio
capitalista y de administrador in situ -en la Montuosa y
en El Sapo- había participado en empresas mineras
de capital español y americano, estratégicas
para la Real Hacienda y para varios gobiernos virreinales.
Contaba además con el apoyo del líder de la
Ilustración neogranadina, el mariquitense Francisco
Antonio Moreno y Escandón -digno de resaltar
es que Moreno había lamentado la falta de patrocinio
para los proyectos de expedición por Iberoamérica
y gabinete de historia natural en Madrid, que Mutis había
presentado desde 1763-.
También
había participado en el intento de dotar a Santafé
de universidad pública en 1768 y en 1774. Durante
el levantamiento comunero, adhirió a Caballero y
Góngora, con lo que evitó la propagación
en la provincia de Mariquita de los desórdenes del
Socorro que estallaron el 16 de marzo de 1781. Su vínculo
con América se había tornado inquebrantable,
tanto más cuanto que sus sobrinos Mutis Consuegra
descendían por la madre del notablato de Bucaramanga,
y que al ordenarse sacerdote, en 1772, había aceptado
que de regresar a España renunciaría al ejercicio
de la medicina, la fuente principal de sus ingresos.
El
Virrey mitrado hubo de desplegar su persuasión y
sugerir el peso de su autoridad para que Mutis accediera
a renovar su compromiso con España, aunque éste
aseguró que editaría su obra en Nueva Granada,
lo que suponía que sería aquí en América
donde adelantaría el trabajo científico, reservándole
a la metrópoli funciones técnicas asociadas
con el grabado, la impresión y la distribución.
Durante
los últimos 23 años la Corona había
permanecido al margen del punto de partida que Mutis encarnaba
y de los avances de las ciencias naturales modernas en el
virreinato. La comisión López Ruiz había
colmado los sinsabores ocasionados a Mutis desde Madrid:
el silencio que se le aplicó en 1763 y la exclusión
en que se lo tuvo al momento de organizar la Expedición
al Perú. Aunque con el nombramiento de López
desapareció la posibilidad de que su Historia Natural
fuese auspiciada por el Rey, este hecho estimuló
su heroísmo, resolviéndolo a continuar su
obra y a dejarle a la "piedad del Rey su edición,
y la satisfacción de sus deudas". La distancia
entre Madrid y Santafé se dilataría aún
más en 1781, cuando la mudanza del jardín
de Migas Calientes al Prado, asunto que tampoco se le consultó.
Los
planes de Caballero y Góngora habían provocado
un forcejeo entre el Ministro de Indias y su subalterno
Gómez Ortega, responsable del centro coordinador
de las expediciones ultramarinas. Ortega trató de
acelerar la incursión de Ruiz y Pavón a Santafé,
a lo que Gálvez respondió con un lacónico
"se hará lo que Mutis disponga". Luego
intervino en la preparación de la Real Cédula,
recomendando impedirle a Mutis salir de Santafé hasta
que enviara a Madrid la edición de su obra anterior
a 1783, lo que no pudo acatarse, pues cuando la disposición
se recibió en la capital, hacía cinco meses
que Mutis se hallaba explorando las selvas neogranadinas.
Ortega comprendió que había perdido su expedición
satélite. Nombró entonces a López corresponsal
del Prado y "dejó al arbitrio de Mutis todo
lo correspondiente a su expedición". Las comisiones
de López fueron suprimidas y su título de
'descubridor de la quina', declarado espurio, mientras que
a Mutis se le honró como 'primer botánico
y astrónomo del Rey', lo que vino a confirmar la
reputación internacional de que gozaba desde 1770.
En la negociación debió influir el parentesco
de Gálvez con Caballero, conocido en la Corte como
"el prelado más protegido de Indias".
La
composición del equipo de la nueva expedición
vino a reforzar la autonomía lograda, pues Mutis
se rodeó de criollos formados a su sombra, sin intervención
de Madrid. El sacerdote Eloy Valenzuela fue nombrado subdirector,
y al franciscano Diego García se lo destinó
para que explorara el reino; las láminas botánicas
del pintor Pablo Antonio García, integrado como dibujante,
carecían de parangón en el Imperio por el
rigor de la observación y el primor de la factura.
Así
fue como la Revolución
de los Comuneros contribuyó al establecimiento
de la Expedición Botánica, empresa que legitimó
la identidad virreinal de Nueva Granada -su autonomía
científica, puesto que la política no era
negociable- y el reconocimiento de la intelectualidad criolla
y acriollada, sin olvidar que durante buena parte del siglo
XVIII, Mutis gozó del prestigio internacional más
sólido y dirigió el proyecto botánico
más ambicioso del Imperio español, donde la
Expedición neogranadina se perfiló como la
primera organizada sin intervención extranjera. En
estas condiciones el Reino accedía a la mayoría
de edad.
*Doctor
en Historia, profesor U. Nacional