Marzo
6 de 1621
La muerte del rey negro
La
lucha por la vida y la libertad de este precursor demuestran
que la memoria nacional requiere nutrirse de la grandeza
de hombres que murieron buscando un espacio bajo el sol.
Por
Javier Ortiz Cassiani*
Se
le hizo un juicio apresurado por el temor de posibles desórdenes.
Benkos Biohó, un negro cimarrón traído
de Guinea, líder de los palenques de la Matuna y
de los Montes de María, autoproclamado rey del Arcabuco,
fue ahorcado en la plaza pública de Cartagena de
Indias, por orden del gobernador García Girón,
el 16 de marzo de 1621. Seis días después
de la ejecución, el gobernador le enviaba una carta
al rey de España, con abierto tono autojustificatorio,
que de paso revelaba la trascendencia del personaje.
El
funcionario lo describía como un negro belicoso y
valiente que con "sus embustes y encantos se llevaba
tras de sí a todas las naciones de Guinea que había
en esta ciudad". El gobernador le recordaba al rey
que le había costado más de 200 ducados a
la corona y que jamás había sido objeto de
ningún castigo, ni él, ni los negros alzados
que traía consigo; y se quejaba amargamente por el
miedo y respeto que Benkos generaba en toda la población,
la zozobra permanente de la provincia por sus cotidianas
andanzas y el constante peligro por los ataques de los cimarrones
levantiscos que capitaneaba.
Benkos
Biohó, también conocido como Domingo Biojó,
se trenzó en un combate con la guardia una noche
de 1619 a la entrada de la ciudad y fue capturado y llevado
ante el gobernador. Según indican las pocas referencias
que existen, la guardia, incómoda por la arrogancia
del negro, se opuso a que entrara a la ciudad armado como
tantas veces lo había hecho. Ese privilegio se le
había concedido, luego de que los palenques que lideraba
firmaron un acuerdo con las autoridades en el que se les
respetaban sus pueblos y se le permitía entrar al
recinto amurallado portando armas y vestido a la usanza
española, "con espada y daga dorada". La
condena contravenía ese acuerdo real; por eso, el
tono de justificación de la carta del gobernador.
Búsqueda
de la libertad
El
lugar que llegó a ocupar Benkos Biohó
en una sociedad colonial altamente jerarquizada y con un
claro sentimiento de desprecio hacia lo negro fue producto
de su constante lucha por la libertad. Luego de tres intentos
de fuga que le valieron ser castigado con el difícil
oficio de remo en galeras, en 1599 Benkos Biohó alistó
unos cuantos enseres, reunió algunas armas, despertó
a su mujer e hijos y junto con 13 esclavizados más
emprendió el camino hacia la libertad adentrándose
en los agrestes paisajes de manglares, ciénagas y
pantanos de la Matuna, al sur de la provincia de Cartagena,
y luego a los Montes de María.
Una
vez los propietarios se percataron de la pérdida,
emprendieron de inmediato la búsqueda. Al primer
contacto de los perseguidores con los cimarrones resultó
muerto Juan Gómez, quien capitaneaba el grupo de
20 hombres armados. Sin tiempo ni siquiera de recoger el
cadáver, los hombres de Gómez salieron en
estampida a darles aviso a las autoridades. Luego del incidente
el gobernador Gerónimo de Suazo y Casasola conformó
una milicia mejor armada que tampoco logró capturar
a los fugados.
La
búsqueda de estrategias de libertad fue un proceso
que se desarrolló al unísono con la trata
y la implantación de la esclavitud, por lo que, desde
muy temprano, el cimarronaje se convirtió en una
de las principales formas de resistencia de los esclavizados.
Pocos años después del descubrimiento de América,
en la isla La Española, la palabra cimarrón
que denominaba primero al ganado sin control en los montes
y luego al indígena escapado, pasó a convertirse
en uso exclusivo para designar a los negros fugados hacia
la libertad. Y ya desde 1540, a escasos siete años
de haberse fundado la ciudad de Cartagena,
aparecía la primera real cédula referente
al tema de los negros cimarrones.
Vendrían
varios intentos siempre con más hombres y mejores
armas, pero a los cimarrones cada día se les sumaban
más hombres, con la complicidad del paisaje y su
capacidad de movilización, y se hacían imbatibles.
Así, Benkos Biohó se proclamaba rey y señoreaba
en pantanos, montañas y mangles que lo hacían
invencible. Se convertía así en la pesadilla
del gobernador, que murió teniendo que soportar la
altanería y los atrevimientos del rey del Arcabuco
y sin ver reducidos los palenques, que al contrario, como
flores de manglar, aparecían por toda la provincia.
Aparte
de convertirse en un problema para la estabilidad económica
de la región con el asalto de caminos, el saqueo
de los cultivos y el cobro de impuestos a los propietarios,
los palenques representaban un serio problema para la soberanía
del imperio, por las posibles alianzas con las potencias
extranjeras enemigas de España, en una época
en que las costas del reino eran frecuentemente visitadas
por piratas y corsarios.
Un
gran caballero
Desde
Riohacha hasta Zaragoza, la región se iba llenando
de palenques y las autoridades se inquietaban ante la posibilidad
de que el contacto entre ellos deviniera en la creación
de una confederación de pueblos apalencados. La corona
decidió firmar un acuerdo con los liderados por Biohó
el 18 de julio de 1605 al comprobar la ineficacia de las
medidas militares y por lo particularmente caótico
que resultó ser el año de 1604, cuando la
libertad de los palenques se convirtió en un atractivo
no sólo para los esclavos negros sino también
para los esclavos mulatos y los negros libres de Cartagena.
Pero la paz sólo se concretó entre 1612 y
1613 bajo la gobernación de Diego Fernández
de Velasco.
El
acuerdo comprometía a las autoridades españolas
a aceptar la condición de libres de los apalencados,
a darles licencia para entrar y salir de la ciudad armados
con su capitán al frente y a permitirle a Benkos
vestir como español. El cronista Fray Pedro Simón
dice que "éste andaba con tanta arrogancia que
además de andar bien vestido a la española,
con espada y daga dorada, trataba su persona como un gran
caballero". Los cimarrones se comprometían por
su parte a no aceptar en sus palenques a partir de la fecha
del acuerdo, un cimarrón más.
Este
era el acuerdo que estaba vigente la noche en que el poder
se fastidió con Benkos Biohó, como se fastidia
el poder con el orgullo del débil, hasta llevarlo
a la horca, para ponerle fin a una vida constante de lucha
por la libertad.
En
la carta al rey, el gobernador informaba que a partir de
la muerte de Biohó los negros andaban tranquilos,
se notaba el interés por ganarse la gracia de la
corona. Pero la legendaria figura de Benkos, dotada de poderes
mágicos, inspiró la formación de nuevos
palenques; otros aparecieron reclamando su misma bravía,
sus mismos títulos y exigiendo el mismo respeto.
Para finales del siglo XVII, en la zona de los Montes de
María se hablaba de la presencia de 600 cimarrones,
que bajo el mando de Domingo Padilla, un criollo cimarrón
que reclamaba para sí el título de capitán
mientras su esposa Juana adoptaba el de virreina, se oponía
con éxito a los intentos de soberanía de las
autoridades coloniales.
Benkos
Biohó representa para los palenqueros de hoy el referente
de la centenaria lucha por la libertad y el reconocimiento.
Su rebeldía se transfiguró en las melodías
que el desaparecido Paulino Salgado Batata le sacaba al
tambor, en el potente gancho de derecha con el que Pambelé
sepultaba adversarios en su propio panteón, en el
talento natural de Evaristo Márquez y en el pregón
libertario con el que las negras, de caderas para engendrar
al mundo, ofrecen los frutos de la tierra por las calles
de Cartagena ante una clientela que todavía las sigue
viendo con mirada exótica. El recuerdo de Benkos
Biohó invita a la creación de cimarronajes
cotidianos y la construcción de palenques de solidaridad.
La
lucha, la vida y la muerte de Benkos nos recuerda hoy, en
pleno siglo XXI, que para la construcción de una
verdadera e incluyente memoria nacional necesitamos nutrirnos
de la grandeza cotidiana de hombres que murieron mientras
buscaban un pequeño espacio bajo el sol.
*Historiador