LA
CONQUISTA
- LA CONQUISTA DE POPAYÁN
1.
Primeras exploraciones
Aunque parte del reconocimiento de la región que
conformaría luego la gobernación de Popayán
-en especial la zona de Antioquia- fue realizado por grupos
que partieron de Cartagena, el principal impulso conquistador
provino del sur, de los recientes establecimientos de Perú
y Ecuador. Por supuesto, el mismo proceso de descubrimiento
y sujeción del Perú produjo, como efecto secundario,
la visita a las costas del Pacífico colombiano. En
1522 Pascual de Andagoya recorrió parte del litoral
chocoano, y entró por uno de los ríos que
desembocan allí cerca de 20 leguas (¿el Baudó?).
Francisco Pizarro, que salió de Panamá en
noviembre de 1525, y Diego de Almagro, pocos meses después,
recorrieron toda la costa y dieron nombre a algunos de sus
sitios. Acamparon por un tiempo en un río al que
llamaron San Juan (que no es el San Juan actual; pudo ser
el Iscuandé)1 y visitaron la isla de Gorgona; tuvieron
que enfrentarse con tanto mosquito como para "atacar
la armada del Gran Turco"2. Pero estas expediciones,
que condujeron a la identificación rápida
de las grandes culturas peruanas, no se dejaron distraer
por aventuras menores que, dadas las dificultades del medio
geográfico y la ausencia de señales inmediatas
de grandes riquezas o densas poblaciones, parecían
poco prometedoras. En 1531 Pizarro dirigió sus hombres
a la conquista de los Incas; en tierra ecuatoriana un grupo
de unos 30 hombres traídos de Nicaragua por Sebastián
de Belalcázar se unió a ellos y contribuyó
a la caída de los indios peruanos. El líder
de este contingente, Belalcázar, obtuvo una porción
del tesoro de Atahualpa inferior únicamente a la
de los Pizarro y la de Hernando de Soto; como teniente de
Pizarro exploró y sometió la región
actual del Ecuador y en octubre de 1534 fundó allí
la ciudad de Quito, con lo cual quedaba completamente sujeto
a la autoridad española el territorio del antiguo
imperio incaico. Este se extendía entonces hasta
el río Angasmayo (actual río Guáitara),
al norte del cual comenzaba la región poblada por
el grupo de indígenas que recibieron nombre de Pastos
-que quizás estaban en proceso de sujeción,
como lo sugieren algunos testimonios de que pagaban tributos
a los incas-. A finales del mismo año un grupo de
españoles, encabezado por Pedro de Tapia, llegó
hasta esta frontera y recibió noticias claras de
los grupos vecinos.
Parece
que entonces obtuvo Belalcázar informes sobre un
país fabulosamente rico, en el cual el cacique, cubierto
el cuerpo de oro, se sumergía en una laguna a la
que arrojaba luego joyas en ofrenda a sus divinidades. Esta
nueva versión de El Dorado venía a añadirse
a los diversos relatos sobre la profusión de oro
de los indígenas del interior y contribuiría
a dar fuerza a los intentos españoles de exploración
del territorio colombiano. Belalcázar, en todo caso,
envió un nuevo grupo, de unos sesenta hombres, al
mando de Pedro de Añasco, quien recorrió,
sin tropezar con muy notoria oposición militar, la
zona que recibió el nombre de Mesa de los Pastos.
A esta expedición se sumó, a mediados de 1535,
una bajo Juan de Ampudia, quien venía con unos noventa
hombres; después de reunirse, los españoles
recorrieron la parte oriental de la cordillera, guiados,
según se dice, por el indio que había relatado
el ritual de El Dorado. De acuerdo con Castellanos, siguieron
hacia la región de Sibundoy, contra las indicaciones
del informante; desde allí enviaron grupos de reconocimiento
que encontraron el Patía, "adonde vieron buenas
poblaciones" armadas y con bastante oro3. Todos se
dirigieron entonces al Patía, siguiendo probablemente
por las cabeceras del Juanambú para descender luego
por el río Mayo. Recorrieron el Patía en medio
de una violenta resistencia indígena, a la que respondieron,
según versiones recogidas por Las Casas y Andagoya,
con una táctica de tala y quema de las poblaciones
con las que tropezaban4.
Los
españoles anduvieron luego hacia el norte hasta encontrar
la llanura de Popayán y, probablemente en el sitio
de Timbío, debieron enfrentarse a unos 3.000 indios,
armados de dardos, lanzas y macanas (¿octubre de
1535?). Tan pronto los alcanzó un grupo que había
quedado atrás con Añasco, se trasladaron al
sitio de Popayán, donde parece que cerca a una gran
edificación o fortaleza existía un bien poblado
caserío, al que entraron sin tropezar con mayor resistencia
y el que abandonaron a los pocos días -acosados por
niguas y pulgas, nos dice Castellanos- para acampar junto
al río Cauca.
El
grueso de la expedición continuó luego por
la ribera izquierda del Cauca, en dirección al norte,
por una zona que no se menciona como muy poblada, hasta
que llegaron al río Jamundí, donde encontraron
de nuevo fuerte resistencia de una abundante población.
Los españoles se asentaron provisionalmente allí,
pero pronto trasladaron el campamento a orillas del Cauca,
donde pudieron advertir que la ribera oriental estaba también
muy poblada.
Un
grupo de unos 100 españoles, encabezados por Francisco
de Cieza, partió en dirección al norte, con
intenciones de buscar un sitio para cruzar la cordillera
Central. Cieza siguió por el valle del río
hasta la confluencia del Cauca con el río La Vieja,
y tuvo que enfrentarse a una belicosa población cuyo
volumen sorprendió a los españoles:
"Y
en más de treinta leguas de camino
nunca se vido paso sin vecino.
Poblados montes y las partes rasas,
los fondos valles hasta los altores,
y pueblos hallaba de mil casas
grandes, de seis y siete moradores"5.
Al
regreso de este grupo, Ampudia trasladó el campamento
a un sitio lejano del Cauca, en las estribaciones de la
cordillera Occidental, e incluso fundó un pueblo
-lo que indica ya la voluntad de permanecer en la región-
que se denominó Villa de Ampudia y cuya localización
ha sido objeto de discusiones aún no resueltas entre
los historiadores. Según Castellanos se encontraba
en el "señorío" de Cali, que era
parte de los dominios de Pete, cacique cuya habitación
se encontraba en una parte aún más elevada
de la cordillera y que limitaba al norte con los "gorrones"6;
esta información es tan imprecisa, que es imposible
determinar el sitio aproximado donde se estableció.
Si Pete es el cacique Petecuy de otros documentos, esto
indicaría las inmediaciones del Cali actual; la idea
de Arroyo de que se fundó río Jamundí
arriba no parece fundada 7. Sea como sea, los españoles
tuvieron una serie de escaramuzas con los indios de los
alrededores y después de varios intentos de sujetarlos
volvieron a la Villa de Ampudia a celebrar la Semana Santa
de 1536.
2.
Fundación de Cali y Popayán
Belalcázar,
entre tanto, había salido de Quito con 200 españoles
y un nutrido contingente de indios; Las Casas sostiene que
cerca de 6.000, la mayoría de los cuales murieron.
Atravesó, en medio de mucha resistencia, la región
de los Quillacingas, donde los indios quemaron sus propias
sementeras, y siguió hacia el norte, en busca de
Añasco y Ampudia. Cuando los habitantes de la Villa
de Ampudia se encontraban celebrando -con una semana de
anticipación- la Semana Santa, Belalcázar
apareció con su gente. Pronto ordenó la despoblación
del sitio y envió al capitán Miguel Muñoz
a realizar una nueva exploración hacia el norte.
Muñoz fue al río La Vieja, regresó
al territorio de los gorrones y luego se dirigió
otra vez al norte, hasta Anserma y Cartama, "haciendo
guerra a fuego y sangre", según un informante
de Las Casas. Reunidos los españoles de nuevo en
territorio de gorrones, Belalcázar despachó
desde allí a Juan Ladrillero hacia el occidente,
en busca de un paso al Pacífico. La expedición,
que duró treinta días, no condujo entonces
a un resultado firme, y en ella se entró en contacto
con algunas poblaciones arborícolas. Otras expediciones
condujeron a saqueos y matanzas en Bitaco, Dagua y otros
pueblos de la cordillera8.
Según parece, al regreso de Ladrillero Belalcázar
hizo la fundación de Cali, en una fecha que tradicionalmente
se ha fijado en el 25 de julio de 1536, día de Santiago.
La fecha es dudosa y se basa probablemente en el hecho de
que la ciudad llegó a ser conocida con el nombre
de Santiago de Cali, pero en los documentos más antiguos
se habla solamente de Cali. A finales de 1536 Belalcázar
abandonó la ciudad -con 1.000 indios de carga tomados
en Lili- y dejó como teniente a Miguel Muñoz,
quien en 1537, presionado por el cabildo local, la trasladó
al sitio actual, conocido entonces como "Valle de Lili".
Lucas Fernández de Piedrahíta fecha este traslado
el 5 de julio 9.
Los
historiadores han debatido largamente acerca del sitio de
la fundación original de Cali: Arboleda afirma que
se hizo en las cabeceras del río Calima 10; Arroyo
sugiere la región de Vijes y otros mencionan a Calima11.
Los escasos documentos de la época coinciden en que
se fundó en territorio de los indios "gorrones".
Dos documentos de la década de 1540 dicen que se
fundó a 23 leguas, el uno, y a 26, el otro, al norte
del sitio al cual se trasladó luego12. La zona recibió
el nombre de Calili, y según Cieza, se encontraba
en la parte plana del valle (en "estos llanos");
posteriores descripciones de los gorrones los sitúan
en el norte del valle, desde la orilla del Cauca hasta las
partes elevadas de la cordillera Occidental13. Lo anterior
permite concluir que los sitios sugeridos de Vijes y las
cabeceras del Calima deben descartarse; los datos indican
un sitio a unos 80 o 100 kilómetros al norte de la
situación actual, al pie de la cordillera Occidental,
tal vez en uno de los actuales municipios de Bolívar
o Roldanillo. Es posible que nueva documentación
resuelva esta cuestión, cuya importancia por lo demás
es muy escasa, pues no sabemos casi nada de lo ocurrido
en la época en que estuvo en el sitio original.
Cuando
Belalcázar salió de Cali se dirigió
otra vez al sur, y en el sitio donde habían encontrado
la fortaleza indígena ya mencionada, fundó
-tal vez en diciembre de 1536- la ciudad de Popayán,
que fue trasladada el 13 de enero de 1537 al sitio actual;
es posible que sólo después del traslado ejecutado
por Juan de Ampudia se hubieran hecho los trámites
formales de fundación, pero también en este
caso la documentación existente es confusa. Incluso
los herederos de Ampudia trataron de mostrar, con documentos
de la época, que Popayán se había llamado
inicialmente "Villa de Ampudia", lo que hace sospechar
que el pueblo establecido por Ampudia a fines de 1535 o
comienzos de 1536 -suponiendo que realmente haya sido fundado
de acuerdo con las formas usuales- y cuya localización
no conocemos sino vagamente por la referencia de Castellanos,
fue asignado como antecedente tanto de Cali como de Popayán,
en el último caso por interés de sus herederos,
y en el primero quizás por su cercanía al
sitio definitivo de Cali, la que pudo confundir a Castellanos;
hay que tener en cuenta que entonces una fundación
era muchas veces más un hecho jurídico que
un asentamiento real, de modo que no es imposible que una
fundación hecha en las cercanías de Cali fuera
aducida por el interesado como antecedente de Popayán
un año después de ser despoblada, y más
aún si había hecho antes un campamento en
este último sitio.
Belalcázar,
habiendo realizado dos fundaciones, que le daban pie para
presentarse como conquistador de la región, retornó
a Quito con 30 hombres, después de hacer un recorrido
por la cordillera Central y los páramos vecinos a
Popayán, en preparación de una expedición
al otro lado de la cordillera en busca del ansiado Dorado.
En Quito trató de aprovisionarse en la mejor forma
posible para la larga búsqueda que preparaba: de
allí regresó en mayo de 1538 con 1.000 indios
cargueros, ganado, perros, gallinas y semillas para la colonia,
que se añadían a los cerdos y yeguas que se
habían traído antes, todo esto financiado
en gran parte con el oro que había producido el saqueo
de los pueblos indígenas del Patía y el Valle
del Cauca.
3.
Expedición a Santa Fe y nuevas fundaciones
En
Popayán, Belalcázar procedió a distribuir
los indios en encomienda, y a mediados del año salió
hacia el oriente, con 300 hombres, multitud de mercancías,
numerosos indios de servicio y, como usualmente lo hacía
el previsivo conquistador, con piaras de cerdos para evitar
los riesgos de hambre. En el cruce de la cordillera, que
según parece, aunque no existen informes adecuados,
se hizo por la vía de Paletará y La Plata,
empleó cuatro meses; "siempre halló pueblos
jornada a jornada y mantenimientos", según el
mismo Belalcázar; según Pedro de Puelles,
su teniente, encontró algunas ricas poblaciones al
comenzar el descenso al Magdalena 14.
Este
río fue recorrido inicialmente por el lado oriental,
por unas ochenta leguas; luego lo atravesaron y siguieron
por la ribera izquierda hasta llegar a la desembocadura
del Sabandija. Antes de la región de Neiva anduvieron
entre poblaciones indígenas que luchaban con lanzas
y macanas, pero desde ese punto tuvieron que enfrentarse
a grupos provistos de flechas envenenadas. Algunas expediciones
enviadas por Belalcázar intentaron encontrar, sin
resultado, un paso al Valle del Cauca por la cordillera
Central; pasaron por "pueblos chiquitos y mala gente
y mucha hierba"15. Hacia enero o febrero de 1539, y
después de haber hecho fundar, por Añasco
y Ampudia, quizás en diciembre de 1538, la ciudad
de Timaná (con el nombre original de Guacallo o Guacacallo),
Belalcázar hizo contacto con un grupo de soldados
de la expedición que al mando de Gonzalo Jiménez
de Quesada había llegado hasta la sabana de Bogotá.
De este modo se encontraban las gentes de los dos grupos
más activos en el reconocimiento del interior del
país; se adquiría así en cierto modo
una primera imagen global, aunque aproximada y con muchos
vacíos, de la geografía colombiana.
Belalcázar,
como se repite en el capítulo sobre Santa Fe, subió
a la sabana, negoció con Quesada aprovechando la
gran cantidad de mercancías, caballos y provisiones
que tenía y se embarcó con él y Nicolás
de Federmán en mayo de 1539 hacia Cartagena, ostensiblemente
para ir a alegar a España los derechos de Pizarro
sobre lo que él había descubierto, inclusive
el territorio chibcha, pero más probablemente a lograr
que se separara la región de Popayán, Cali
y Timaná de la jurisdicción del conquistador
de los Incas. Antes de partir ordenó a Juan Cabrera
la fundación de Neiva, en un sitio más al
sur que el actual (desembocadura del Neiva y el Campoalegre),
y dejó allí un puñado de españoles
deseosos de recorrer un territorio que se creía bastante
rico en metales preciosos. El interés de Belalcázar
era el de apuntalar con fundaciones hechas con todo el aparataje
legal sus pretensiones al gobierno de la región,
pues el establecimiento de ciudades representaba una prueba
de dominio real y de intenciones de permanencia.
Entre
tanto la situación en Popayán parece haberse
hecho más difícil. Como teniente de gobernador,
con un puñado de españoles, había quedado
Francisco García Tovar, quien no pudo enfrentarse
adecuadamente a la rebelión sostenida de los indios
de los alrededores y debió sobre todo resolver la
escasez creada por la renuencia de los indios a sembrar,
descrita por Pascual de Andagoya en los términos
siguientes: "Y como en Popayán los cristianos
no sembrasen en todo el tiempo que allí estuvieron,
teniendo los indios sus maíces para coger, los cristianos
se los iban a coger y tomar, y echar los caballos y puercos
en ellos, determinaron de no sembrar; y como allí
tarda en venir el maíz ocho meses, hubo tanta hambre,
que se comieron unos a los otros, o murieron de ella, fuera
de los que Belalcázar llevó en servicio del
ejército"16. Según el cronista Herrera
murieron 100.000 indios, y 50.000 fueron devorados por otros,
lo que parece algo exagerado 17.
Francisco
Pizarro, desconfiando probablemente de las intenciones de
Belalcázar, decidió enviar a uno de sus hombres,
Lorenzo de Aldana, como "juez de comisión",
con poderes para asumir el mando en caso de que pareciera
claro que Belalcázar tenía intenciones de
independizarse. Aldana, que vino con 40 caballeros, ayudó
a resolver algunos de los problemas de abastecimientos de
Popayán y no asumió el gobierno hasta que,
probablemente hacia junio o julio de 1539, Ampudia le dio
informes completos del viaje de Belalcázar. Al poco
tiempo, Añasco, que después de repartir los
indios en encomienda, había dejado a Timaná
bajo el gobierno de Juan del Río, fue a Popayán,
reconoció la autoridad de Aldana y fue confirmado
como teniente de gobernador en Timaná. Para Popayán
y Cali fueron también confirmados como tenientes
Ampudia y Muñoz, respectivamente.
Aldana
había ido en seguida a Cali, donde colaboró
con la organización de la expedición de Jorge
Robledo a Antioquia, después de lo cual volvió
a Popayán y siguió al Perú, pero fundó
antes la ciudad de Villaviciosa de Pasto, a fines de 1539,
en llanuras de Yacuanguer; en 1540 o 1541 fue trasladada
al sitio actual, con el objeto de establecer una ciudad
como centro de control de los pueblos "Quillacingas"
que habitaban esa región, y con los cuales hubo inmediatamente
una larga lucha18.
4.
Descubrimiento del territorio antioqueño
Como
se indicó antes, la búsqueda del origen del
oro acumulado por los pueblos del Darién y el Sinú
llevó a los conquistadores de Cartagena a ejecutar
varias expediciones, atraídas por la mítica
fortuna de Dabeiba. La primera que logró superar
las dificultades creadas por las sierras del alto Sinú
fue la de Francisco César, ya mencionada. En enero
de 1538 Juan Vadillo, utilizando el camino explorado al
regreso por César, salió con 200 hombres de
San Sebastián de Urabá, bien equipado, con
una expedición que según Fernández
de Oviedo le costó más de 50.000 pesos19.
Con él iba César, que conocía ya la
región. A mediados de febrero de 1538 se hallaron
en los valles de la serranía de Abibe, hacia las
fuentes del Río Sucio, donde se encontraba el dominio
del cacique Nutibara, quien parece haber muerto en algún
encuentro con los españoles. Desde allí cruzaron
la cordillera Central y llegaron al valle del Cauca, probablemente
a la altura de Buriticá; allí estaban las
importantes minas de oro explotadas por los indios de la
región. Vadillo siguió hacia el sur por la
orilla occidental del Cauca, encontró restos de grandes
edificaciones abandonadas, atravesó la región
de Caramanta y Anserma y tropezó con señales
de anteriores entradas españolas. Había gastado
casi un año en el viaje, que estuvo marcado por grandes
dificultades y continuas peleas con los indios. Según
el cronista Cieza, que lo había acompañado
y dejó una notable descripción de los pueblos
de la región, murieron 92 españoles en la
travesía. A fines de 1538 llegó a Cali, donde
Aldana, en nombre de Pizarro, le impidió poblar en
el territorio descubierto -varios de sus soldados, sin embargo,
se sumaron a las gentes venidas del sur-; siguió
entonces a Popayán, Quito y Santo Domingo, de donde
volvió a Cartagena a presentar su residencia. A los
miembros de la expedición les correspondió
un botín de cinco pesos por cabeza.
Aldana
dio entonces orden a Jorge Robledo de establecer una población
hacia el norte, y en agosto de 1539, probablemente el 15,
se fundó la ciudad de |Santa |Ana de los Caballeros,
primero en "Guarma" (¿Umbría?),
a una legua del Cauca, y a los pocos días en la región
de Anserma. La primera fundación se hizo un poco
apresuradamente, ante las noticias de que llegaba una nueva
expedición española desde el norte. Se trataba
del grupo enviado al mando de Luis Bernal y Juan Graciano
para tratar de localizar a Vadillo, y que venía roto
por fuertes disensiones, que sirvieron a Robledo para ampliar
sus huestes con algunos de los recién llegados.
Robledo
utilizó desde entonces a Santa Ana como centro para
una serie de expediciones a los alrededores, entre las cuales
pueden señalarse algunas de cierta importancia. A
fines de 1539 Melchor Suer de Nava (o Suero de Nava) fue
con 50 hombres hasta la provincia de Caramanta y quizás
un poco más al norte, de donde se volvió sin
intentar una fundación atemorizado por la gran cantidad
de indígenas que encontró. Mientras tanto,
el mismo Robledo se encargó de pacificar a un cacique
llamado Ocuzca, al que tuvo preso y cuya gente fue duramente
castigada. Francisco Gómez Hernández, con
otros 50 hombres, perros y ballestas, atravesó la
montaña occidental en busca del Chocó. Pasó
por Cima (¿Chamí?) y descubrió las
cabeceras de un río que creyó era el Atrato,
pero era probablemente el San Juan. Finalmente, Ruiz Vanegas
sometió a Pirsa y Supía.
Robledo
procedió inmediatamente a repartir los indios en
encomienda, probablemente un poco antes de que estuvieran
realmente sujetos, y en marzo de 1540 salió con cien
hombres a una expedición más ambiciosa que
las anteriores. Bajó por la orilla del Cauca hasta
Irra, donde cruzó el río, y comenzó
a recorrer las numerosas poblaciones indígenas de
la vertiente oriental. Fue a tierras de Carrapas, Picará
y Pozo, que tenían fama de valientes. Para someter
a estos últimos fue apoyado por Carrapas y Picará,
y ejecutó una amplia matanza de indígenas
usando los temibles perros de presa, que desempeñaron
destacado papel en la conquista de la zona. Luego fueron
sometidos los Arma y se hizo una rápida visita, encabezada
por Hernán Rodríguez de Sosa, a los pueblos
del cacique Maitamá. El mismo Rodríguez de
Sosa fue enviado por Robledo hacia el norte, y siguió
por la ribera oriental del Cauca, por pueblos que denominó
de Pascua, Pueblo Blanco, Cenufana, provincia de la Loma
y Pueblo de Pobres, este último frente a Buriticá,
desde donde regresó al sur. Luego Robledo regresó
al sur y recorrió la región de los Quimbaya,
los cuales fueron también sujetados rápidamente.
En general, sin embargo, parece que el grado de sumisión
de los indios de esta región no era muy grande, y
aunque el temor y las matanzas hechos entre ellos, así
como el hábil uso de sus enemistades por Robledo,
hicieron que aceptaran rápidamente el dominio español,
en las décadas siguientes fueron frecuentes las rebeliones
de los indígenas de esta parte, que finalmente desaparecieron
casi por completo20.
5.
La gobernación del San Juan
En
1536 había recibido Gaspar de Espinosa, antiguo alcalde
mayor de Santa María la Antigua, el gobierno de un
territorio situado "desde el río San Juan, hasta
donde comienza la Gobernación que tenemos dada al
Adelantado Don Francisco Pizarro"21. Espinosa murió
sin haber logrado llegar al territorio que se le había
asignado, y en su reemplazo la Corona nombró en diciembre
de 1538 a Pascual de Andagoya, quien en febrero de 1540
zarpó de Panamá para conquistar y asumir el
mando de su gobernación y desembarcó con Juan
Ladrillero en la bahía de Buenaventura. Andagoya,
posiblemente para aprovechar conquistas ya hechas y con
algo de mala fe en relación con el territorio que
se le había asignado -que incluía realmente
la vertiente del Pacífico de la cordillera Occidental,
entre el río San Francisco o Mataje y el río
"San Juan", que era probablemente el Iscuandé
actual o algún río vecino a éste- se
presentó en Cali en mayo y pretendió que su
autoridad se extendía a esta ciudad, así como
a Popayán y Anserma; los cabildos de estas ciudades
aceptaron los documentos presentados por Andagoya y lo recibieron
como gobernador, aunque parece que en algunos casos bajo
protesta. El nuevo mandatario procedió a tomar algunas
medidas para debelar una rebelión de los indios de
la región de Páez y Timaná, y envió
a Juan Ladrillero a establecer un puerto en el Pacífico,
que recibió el nombre de |Buenaventura (julio o agosto
de 1540).
Entre
tanto Robledo, que deseaba posiblemente escapar a la autoridad
de Belalcázar, dio a Andagoya detallados informes
de sus expediciones, pero se apresuró a completar
la organización de la región por él
conquistada mediante la fundación, el 9 de agosto
de 1540, de una nueva ciudad en territorio Quimbaya. Con
esto, fuera de consolidar su posición como "fundador",
podía dar encomiendas a aquellos de sus hombres que
aún no las tenían, antes de que Andagoya tratara
de hacer la repartición a su placer. La nueva ciudad,
que se denominó |Cartago y se fundó en el
actual sitio de Pereira, dominaba un área que tenía
alrededor de 60 caciques, lo que la hacía muy atractiva.
Luego de una entrevista con Andagoya en Cali, Robledo volvió
a Santa Ana (la que recibió, por orden de Andagoya,
el nombre de San Juan) y a Cartago, donde celebró
una nueva ceremonia de fundación (enero de 1541)
y repartió estancias para siembras y ganados; hizo
luego algunas expediciones de pacificación y castigo
de los pueblos cercanos (Chatapá, donde un cacique
condenado a muerte por Robledo se convirtió al cristianismo
poco antes de ser ejecutado, y Apia) y envió a Alvaro
de Mendoza en busca de la provincia de Arvi (Herveo), al
otro lado de la cordillera Central, en una entrada que permitió
reconocer el valle del Quindío, aunque falló
en el intento de descender a los llanos del Tolima.
6.
Regreso de Belalcázar y conquista de Antioquia
El
temor de la Corona española al creciente poder de
Francisco Pizarro en el Perú resultó favorable
para las pretensiones de Belalcázar, quien logró
aprovechar su estada en España para obtener la disgregación
del gobierno de Lima y la creación de la gobernación
de Popayán, que incluía las ciudades de Popayán,
Cali, Anserma, Cartago, Guacallo (Timaná) y Neiva.
Fuera del título de gobernador, Belalcázar
recibía también el de adelantado (marzo de
1540). Informado de que Andagoya andaba por sus territorios
se apresuró a viajar a América y en febrero
de 1541 llegó a Cali, acompañado por sastres,
herreros, zapateros, plateros y las primeras mujeres que
vinieron a la región. Depuso inmediatamente a Andagoya
y lo sometió a prisión, aunque por breve tiempo.
Este, liberado por Vaca de Castro, quien estuvo tres meses
enfermo en Cali, mandó desde Panamá a su teniente
de gobernador Payo Romero, a la conquista de la región
del "San Juan", para preparar una expedición
que él mismo habría de realizar posteriormente.
Romero entró con sus hombres en el río, estableció
una colonia que fue destruida rápidamente por la
hostilidad de los indios y en la que el teniente encontró
la muerte, sin que hubiera logrado crear una base permanente
para la gobernación de Andagoya, que dejó
prácticamente de existir desde entonces.
Restablecida su autoridad, Belalcázar envió
a su teniente Pedro de Ayala en busca de Robledo, quien
lo recibió bajo protesta, y del mismo modo aceptó
la autoridad de Belalcázar, pues alegaba que lo que
él mismo había descubierto no estaba incluido
en el territorio concedido a Belalcázar. Este cambió
de nuevo el nombre de Santa Ana, esta vez por Anserma, y
prometió apoyo a Robledo para nuevas marchas al norte.
Hacia abril de 1541 Robledo con "84 hombres" todos
con buena experiencia en América ("isleños")
viajó de nuevo Cauca abajo, pasó el río
por Irra y tras recorrer de nuevo a Carrapá, Picará,
Pozos, esperó en Paucura noticias de Belalcázar,
que no llegaron. Desde allí envió a Mendoza
a un nuevo intento de localizar a Arvi, y poco después
siguió al norte, a la zona recorrida por Suer de
Nava: fue a Arma, de nuevo esperó allí socorros
prometidos por Belalcázar, que tampoco llegaron,
y siguió al Pueblo de Pascuas, a Poblanco, Cinifaná
y el Pueblo de las Peras (¿Amagá?), llamado
así por la abundancia de aguacates. Un grupo dirigido
por Juan de Frades bajó hasta el Cauca, frente a
Titiribí; Robledo siguió a Mungía o
Murgía (o Pueblo de Sal: Heliconia), y desde allí
despachó a Jerónimo Luis Tejelo, con 32 hombres,
a buscar un paso por la cordillera Central; este contingente
entró al Valle de Aburrá, acompañado
por Robledo y el resto de los españoles. Los indios,
armados con dardos, macanas y tiraderas, ofrecieron mucha
resistencia, y muchos de ellos se suicidaron para evitar
ser dominados por los españoles o por simple terror:
como dice Cieza, "fue tanto el aborrecimiento que nos
tomaron los naturales dél, que ellos y sus mujeres
se ahorcaban con sus cabellos o de los maures, de los árboles,
y aullando con gemidos lastimeros dejaban allí sus
cuerpos y abajaban las ánimas a los infiernos".
Un recorrido de los llanos situados al oriente reveló
la existencia de acequias artificiales, pero no se encontró
gente; más al oriente, en las vertientes hacia el
Magdalena, hallaron grandes edificios destruidos, así
como caminos tajados en piedra, los que consideraron evidencia
de tan grande población que decidieron retornar a
Aburrá inmediatamente, para evitar un encuentro con
los grupos de esa parte 22. A fines de agosto siguieron
adelante, para volver a descender la cordillera hacia el
Cauca. Llegaron a otro pueblo con fuentes de sal -Jorvura-,
siguieron dos leguas río abajo y frente a donde habitaba
el grupo de los Tahamíes, cruzaron el río
con grandes dificultades, pues sólo doce españoles
sabían nadar. Pero antes había enviado al
capitán Francisco Vallejo a una nueva exploración
en las estribaciones de la cordillera Central, entre los
pueblos de Nutave y Urezco. Fue tan numerosa la población,
que otra vez decidieron evitarla y seguir adelante. Al norte
de Tahamí encontraron a los indios Currume (o Corome),
después de pasar al lado del cerro de Buriticá.
Dos jornadas al norte encontraron la provincia de Ebéjico,
cuyos indios estaban listos para pelear con los españoles.
Después de varios días de amenazas, pequeños
encuentros, en los que llevaban la mejor parte los perros
de presa de los españoles, e incidentes (cuando Robledo
les dijo que iba a poblar allí en nombre del Rey
de España, de quien era esa tierra, los indios respondieron
"que si habíamos hecho nosotros aquellos bohíos
y plantado los árboles, para que fuese del Rey, que
les decía, aquella tierra")23 los españoles
volvieron a Currume y un grupo pasó la cordillera
Occidental y descubrió las provincias indígenas
de Penco, Parruto y Guaramí (¿actuales Cañasgordas
y Uramita?) y regresó a Ebéjico, donde todos
se juntaron de nuevo.
Robledo decidió entonces hacer una ciudad en la región,
que le parecía lo suficientemente rica para sostenerla.
Después de derrotar a los indios de Ebéjico
e Ituango, fundó, el 25 de noviembre de 1541 (el
acta de fundación está fechada el 4 de diciembre),
la ciudad de Antioquia24. Fundada la ciudad, Robledo decidió
irse a España -después de alguna presión
del cabildo para que no regresara al sur- y para no tropezar
con Belalcázar salió en dirección de
San Sebastián de Urabá. Poco antes había
hecho recorrer la provincia de Peque; ahora dio una nueva
visita a Currume, Penco, Quinquirá, Nori, Guaca y
Abibe. Pero al llegar a San Sebastián fue apresado
por orden de Pedro de Heredia, quien también pretendía
el control de la región antioqueña, y enviado
a España.
En Antioquia había quedado Alvaro de Mendoza como
teniente, en nombre de Robledo. Pedro de Heredia, tan pronto
apresó a este último, marchó a la nueva
ciudad y por fuerza y amistad con Mendoza la sometió
a la gobernación de Cartagena; quienes estaban en
desacuerdo, sin embargo, abandonaron la ciudad y se marcharon
al sur, hacia Popayán; en el camino tropezaron con
el capitán Juan Cabrera, quien venía persiguiendo
a Robledo enviado por Belalcázar, que consideraba
a aquél poco digno de confianza. Cabrera, que fundó
durante esta expedición la ciudad de |Arma (junio-julio
1542) siguió a Antioquia y la ocupó a la fuerza;
Heredia fue enviado preso a Cali, mientras Cabrera, juzgando
inadecuado el sitio de la ciudad, ordenó su traslado
al otro lado de la cordillera, al Valle de Norí,
en sitio cercano al actual Frontino. Allí estaba
rodeado de los indios |catíos, bastante guerreros,
quienes la mantuvieron en continuo acoso. No obstante, ambas
gobernaciones, Popayán y Cartagena, continuaron luchando
para obtener la jurisdicción sobre Antioquia. El
teniente Isidro de Tapia, quien la trasladó, e hizo
la distribución correspondiente de encomiendas, fue
sucedido por Alonso Díaz Madroñedo, quien
redistribuyó los indios, lo que ofendió a
Tapia y a sus gentes. Estos abandonaron la ciudad y se pasaron,
probablemente a fines de 1543 o comienzos de 1544, al servicio
de la gobernación de Cartagena. En nombre de Pedro
de Heredia reasumió Tapia la tenencia de gobernación,
pero esta vez sujeto a la gobernación rival. Heredia
trató de afianzar su dominio sobre la región
antioqueña con una expedición hecha por él
mismo, bastante larga, en la que fundó la población
de |Maritué, de muy breve duración. Entre
tanto Díaz Madroñedo volvió y de nuevo
se apoderó del gobierno; dejó a Antioquia
para ir a informar a Belalcázar y Heredia regresó
y dejó como gobernador en su nombre a Diego Hernández
Gallego25. Díaz Madroñedo volvió por
tercera vez a conquistar para Popayán la ciudad,
apresó a Hernández Gallego y redistribuyó
las encomiendas, lo que debió de haber ocurrido una
y otra vez durante estos años. Los despojados se
rebelaron, apresaron a Díaz Madroñedo y a
otros y los enviaron presos a San Sebastián; en el
camino éstos tropezaron con Jorge Robledo, quien
venía de España con el título de Mariscal
y había obtenido del visitador Miguel Díaz
de Armendáriz poderes -ilegales, por lo demás,
pues el visitador no cumplió la orden dada por la
Corona de residenciar primero a Robledo- como teniente de
gobernador para Antioquia, Anserma y Cartago26. Robledo
liberó a algunos de los presos y siguió al
sur; en Antioquia fue recibido sin dificultades, y al tiempo
en mayo o junio de 1546 hizo la fundación de Santa
Fe, en un sitio que se suponía muy rico en oro, aunque
quizás simplemente con la idea de organizar desde
allí la explotación de las minas de Buriticá.
Fue luego a Arma, donde el cabildo no quiso aceptar su autoridad
y debió imponerla con violencia. Lo mismo le ocurrió
en Cartago y en Anserma, y en esta ciudad violentó
las arcas reales cuando los funcionarios de la Corona se
negaron a entregarle los fondos existentes. Belalcázar,
informado de esto, y deseoso de liquidar a quien veía
como un usurpador ilegal de su autoridad y como agente de
Díaz de Armendáriz, preparó su gente
para resistir a Robledo y después de varias negociaciones
engañosas lo sorprendió el 1º de octubre
de 1546 y a los pocos días lo hizo ejecutar, junto
con Rodríguez de Sosa y algunos españoles
más. El conflicto entre Belalcázar y Robledo
había llegado a punto tan álgido por el contexto
político y social que lo había rodeado; los
pobladores locales esperaban con prevención una nueva
legislación sobre indios y veían en quienes
venían a imponerla, como Armendáriz y por
lo tanto Robledo, a enemigos en potencia; éstos,
como funcionarios de la Corona, temían con base en
el ejemplo peruano que Belalcázar acaudillara una
rebelión similar en Popayán y consideraban
muy posible su traición al Rey.
El gobernador de Popayán, sometida otra vez Antioquia
a su autoridad, envió de nuevo sus tenientes allí.
Entre éstos estuvo Gaspar de Rodas, quien parece
haber ejercido el mando durante varios años, en una
situación que seguía siendo precaria por la
continua rebelión de los indios vecinos. Mientras
Santa Fe lograba al menos sostenerse, Antioquia estaba asediada
por indios que Luis Bernal reprimió con la usual
violencia a comienzos de la década del 40 pero que
de nuevo atacaron, quizás hacia 1548, la ciudad,
y finalmente forzaron a los pocos habitantes a trasladarse
a Santa Fe, que desde entonces quedó como único
centro de población española en la extensa
región antioqueña y como base de las expediciones
que luego se hicieron para dominar a los indios aún
muy superficialmente sojuzgados y en muchos casos todavía
del todo independientes.
7.
Otras rebeliones indígenas
Otras
zonas de la gobernación de Popayán fueron
escenario en estos años de fuertes rebeliones por
parte de los indios locales. Al suroeste de Cali los Timbas
se levantaron en 1542 y fueron necesarias tres expediciones
sucesivas, la última de las cuales fue dirigida en
1543 por el veterano Juan Cabrera, para someterlos, aunque
no se logró evitar que para 1549 estuvieran otra
vez por fuera del control español. En Arma, que fue
fundada justamente para tratar de sujetar la población
notablemente rebelde, los siete años siguientes fueron
de continua lucha con los indios; el mismo Belalcázar
debió ir a reprimirlos en 1545, en 1549 seguían
en guerra y en 1550 Francisco Briceño intentó
una vez más sujetarlos. Los Quimbaya se rebelaron
en 1542; al menos 14 españoles, 12 esclavos negros
y 55 indios yanaconas y 12 indios esclavos murieron a manos
de los indios locales. Pero esta vez fueron sometidos rápidamente
y pasaría más de una década antes de
una nueva sacudida Quimbaya27.
Pero quizás el grupo que resistió con mayor
vigor la penetración española fue el de los
indios de la región de Timaná. Como ya se
señaló, a finales de 1538 se fundó
una ciudad en la zona habitada por los Yalcones y Apiramá,
como fueron denominados entonces. La presencia de oro y
de una abundante población fueron factores que decidieron
a los españoles a permanecer allí, conjuntamente
con la idea de que se encontraba en el camino hacia otro
de los sitios donde se situó míticamente uno
de los tantos Dorados que señalaban con su atracción
fantástica el camino a los peninsulares: cerca a
una laguna con muchas islas, cerca a la región de
la canela, en dirección al suroeste debía
encontrarse, creían los españoles, una región
de inaudita riqueza.
Pedro
de Añasco repartió los indios en encomienda,
fue confirmado como teniente de gobernador por Lorenzo de
Aldana y regresó, a finales de 1539, a enfrentarse
a una rebelión de indígenas que la leyenda
atribuye a la muerte cruel del hijo de una indígena,
la Gaitana, que en venganza logró el apoyo de los
caciques yalcones en un levantamiento contra los españoles28.
Hacia octubre de ese año los indios derrotaron a
éstos y dieron muerte a un buen número de
ellos, entre otros a Añasco. Ampudia, que se encontraba
en Popayán, trató de someterlos para mantener
abierto el paso hacia Santa Fe, pero murió también
a manos de los indios a comienzos de 1540. Parece que los
yalcones, envalentonados, obtuvieron ayuda de otros grupos
vecinos, principalmente de la otra ribera, la occidental,
del Magdalena. Según los cronistas, más de
10.000 indios se reunieron y atacaron a los europeos, ahora
bajo el mando de Juan del Río, pero esta vez sufrieron
una terrible matanza -unos 6.000 murieron, dicen las fuentes
españolas, y muchos sirvieron de comida a sus compañeros-,
pese a lo cual los conquistadores, advirtiendo la dificultad
de someter estos grupos, que estaban preparando un nuevo
ataque, decidieron despoblar la ciudad29. Finalmente, sin
embargo, convinieron en llamar a Juan Cabrera, entonces
teniente en Neiva, para que organizara la defensa. Cabrera
despobló a Neiva, donde la enfermedad y los indios
tenían en acoso a los españoles, organizó
la defensa de Timaná y después de obtener
promesas de amistad y paz de los indios masacró a
los jefes y principales cuando se celebraban las paces.
La rebelión continuó durante los años
siguientes. El mismo Belalcázar emprendió
personalmente una expedición para sujetar a los indios,
en 1543, que culminó con una dura derrota de los
españoles en Tálaga, donde murió, con
16 españoles más, Francisco García
de Tovar, que había asumido el mando de la ciudad
al abandonarla Juan Cabrera, quien había preferido
irse a Santa Fe en 1540 al llegar Andagoya30. Y fue el mismo
Juan Cabrera el que logró un relativo sometimiento
en 1544, después de una larga campaña en la
que fue acompañado por soldados que habían
venido con Hernán Pérez de Quesada de Santa
Fe en busca del Dorado; para entonces la población
indígena se encontraba muy reducida y la ciudad se
había convertido en una aldea sin muchas esperanzas,
dedicada sobre todo a la cría de ganados31.
8. Fin de la gobernación de Belalcázar
Fuera
de los conflictos que lo enfrentaron con Robledo y de los
esfuerzos por someter poblaciones indígenas demasiado
listas a la rebelión, Belalcázar debió
atender a otros problemas derivados de la situación
peruana. Ya en 1541 Belalcázar había debido
ir a Quito en apoyo del gobernador Vaca de Castro, aunque
su presencia era algo sospechosa, pues en las luchas entre
los partidarios de Francisco Pizarro y Diego de Almagro
parece haber favorecido a los últimos; Vaca de Castro
había decidido entonces ordenar su regreso inmediato
a Popayán. Cuando en 1544 se recibieron en Popayán
las leyes nuevas para el tratamiento de los indios, la población
española local fue ardiente opositora de su aplicación,
como se narra en el capítulo pertinente, y Belalcázar,
después de mucho insistir exteriormente en su cumplimiento,
aceptó sobreseerlas. Pero en Perú los conquistadores
se rebelaron contra las autoridades españolas y el
virrey Blasco Núñez Vela, perseguido por Gonzalo
Pizarro, debió refugiarse en Popayán, desde
donde pidió la ayuda de Belalcázar, quien
con 400 hombres y acompañado por su teniente Juan
Cabrera marchó al sur a fines de 1545 y estuvo resueltamente
en la batalla de Añasquito, en enero de 1546, donde
los rebeldes dieron muerte al Virrey. Belalcázar,
herido y apresado por los pizarristas, recibió su
libertad rápidamente y volvió a Popayán.
Para entonces el visitador Miguel Díaz de Armendáriz,
que había mandado a Robledo a encargarse de la región
de Antioquia, tenía órdenes de realizar la
residencia de Belalcázar, quien trató de prevenirla
con amenazas veladas al visitador. Este decidió aplazar
la residencia hasta que pasaron las perturbaciones del Perú;
el nuevo presidente, Pedro La Gasca, apoyaba esta conducta,
pues temía que si Armendáriz trataba de residenciar
al gobernador, éste podía rebelarse y sumarse
a los seguidores de Pizarro. En realidad, toda la región
y prácticamente todas las Indias se encontraban en
un estado de rebelión latente, cuando no se manifestaba
abiertamente, y todo gobernante que se lanzara contra la
Corona podía contar con la simpatía de muchos
conquistadores que temían que las nuevas leyes fueran
a quitarles la posibilidad de gozar del fruto de sus laboriosas
conquistas, al limitarles la posibilidad de explotar a los
indios y de establecer con la obtención de una encomienda
las bases de una fortuna familiar y de una posición
social elevada. El temor a una rebelión de Belalcázar
se hizo mayor después de la muerte de Robledo, la
que reveló la decisión con la que aquél
estaba dispuesto a actuar y lo colocaba por otro lado en
posición más arriesgada en caso de que se
le hiciera el juicio de residencia, pues podría ser
condenado a penas muy drásticas por tal hecho. En
todo caso, La Gasca llamó a Belalcázar a que
apoyara con sus hombres las fuerzas del Rey en Perú;
y aunque demoró en varias formas su viaje, asistió,
a comienzos de 1548, a la batalla de Sacsahuana (Jaquijaguana),
en la que los rebeldes fueron definitivamente derrotados.
A
su regreso a Popayán, Belalcázar ordenó
la fundación de nuevas ciudades, como Madrigal de
Chapanchica, 50 kilómetros al norte de Pasto, y Nueva
Rica de Caramanta, en sitios donde se esperaba que podrían
establecerse productivas explotaciones mineras y donde la
población indígena parecía suficientemente
abundante para garantizar el laboreo continuo de ellas.
Pero el dominio de los indios era aún superficial.
Los armas seguían rebeldes, así como varios
grupos entre Popayán y Pasto; el dominio de Antioquia
se reducía a los alrededores de Santa Fe.
Sin
embargo la vida española estaba ya bastante asentada.
Muchos encomenderos usaban a sus indios en la explotación
de minas y de estancias de ganado. En los trece centros
urbanos establecidos dentro del territorio de la gobernación
para 1549-Cali, Popayán, Pasto, Anserma, Cartago,
Arma, Caramanta, Antioquia, Santa Fe, Buenaventura, Madrigal
de Chapanchica, Timaná y Neiva- comenzaban a aparecer
conflictos usuales de las nuevas poblaciones españolas:
las luchas por encomiendas, los pleitos y acusaciones; las
peticiones de tierras. En 1548 llegó el primer obispo
de Popayán, don Juan del Valle, quien se enfrentó
con vigor a los maltratos hechos a los indígenas
y contribuyó, con una autoridad esencialmente moral,
a frenar en algo el carácter de frontera aventurera
que tenían las zonas de conquista. A finales de la
década debían vivir en las ciudades de la
región -de las cuales Neiva y Antioquia se despoblarían
rápidamente- entre 150 y 200 encomenderos, a los
que se sumaba la población española de menor
rango: soldados que no habían logrado una encomienda,
artesanos, así como los miembros de la clerecía.
Los españoles, fuera de los indios de encomienda,
eran servidos por un creciente contingente de negros esclavos,
así como por los indios de servicio traídos
principalmente del Perú, desde las primeras expediciones,
los "yanaconas", que importarían consigo
vocablos, hábitos y costumbres de raigambre quechua,
algunos de los cuales todavía se conservan en la
región.
Las poblaciones más activas eran Popayán,
Pasto y Cali. La primera, con ricas encomiendas, permitía
a los españoles dedicarse a la agricultura y la ganadería
y en forma aún limitada, a la minería; pese
a las órdenes de la Corona durante todos estos años,
incluso después de las leyes nuevas, se usaron los
indios para sacar oro. En Cali, donde el número de
indios encomendados no era muy grande y se encontraban subdivididos
en número mayor de encomiendas, la actividad principal
era el comercio, favorecido por la posición de la
ciudad en relación al puerto sobre el Pacífico,
Buenaventura. Como en otras regiones, también en
esta zona operaba el mecanismo ya mencionado que permitía
a los comerciantes aprovechar la escasez de mercaderías
españolas para imponer elevados precios en oro y
recoger en sus manos todo el oro obtenido de los indios;
los conquistadores, con excepción de aquellos pocos
con una encomienda substancial, se encontraban casi siempre
en dificultades económicas, endeudados, hasta el
punto de que, según Cieza, "estando llenos de
heridas y hartos de servir los meten en las cárceles
sobre la paga que les piden los acreedores"32.
Como
siempre, la disminución de la población indígena,
que aquí fue extraordinariamente veloz, impidió
premiar en forma adecuada a los españoles, y convirtió
en pocos años una zona muy poblada en una región
casi totalmente desierta: Andagoya mencionó esto
en 1540, cuando llegó a afirmar con clara exasperación
que el camino de Popayán a Cali estaba repleto de
los huesos de los indios que habían muerto, víctimas
del hambre, las enfermedades y los trabajos impuestos por
los españoles. Cieza comentaba en 1547 que la región
del Valle del Cauca, desde Cali al norte, había sido
"muy poblado de muy grandes y hermosos pueblos, las
casas juntas y muy grandes. Estas poblaciones de indios
se han perdido y gastado con el tiempo y la guerra, porque
como entró en ellos el capitán Sebastián
de Belalcázar, que fue el primer capitán que
los descubrió y conquistó, aguardaron siempre
de guerra, peleando muchas veces con los españoles,
para defender su tierra y ellos no ser sujetos; con las
cuales guerras y por el hambre que pasaron, que fue mucha,
por dejar de sembrar, se murieron todos los más..."33.
En
Pasto los vecinos contaban con mayor número de indios
que en cualquier otra ciudad de la gobernación, muchos
utilizados en una temprana explotación de trigo y
cebada. A fines de la década de los 40, en efecto,
el pan usual entre los españoles era ya el de trigo.
En
1550, con motivo del establecimiento de la Real Audiencia
en Santa Fe, Popayán quedó sometida a su jurisdicción,
y el oidor Francisco Briceño34 viajó a realizar
la residencia del gobernador Belalcázar, aplazada
desde años antes: la paz en el Perú hacía
innecesaria ya la contemporización con el anciano
conquistador. Belalcázar, acusado de maltratos a
los indios y de la muerte de Robledo, fue condenado a muerte,
pero obtuvo el derecho de apelar ante el Rey. Cuando se
preparaba para viajar a España, en Cartagena, murió
en abril de 1551.
Briceño
asumió la gobernación, y, pese a que las leyes
nuevas prohibían nuevas expediciones de conquista,
autorizó algunas entradas en zonas todavía
no sujetadas. En el mismo año de 1550 Vasco de Guzmán
fue comisionado para ir a la región de Guachicono,
y en el año siguiente Alonso de Fuenmayor sujetó
a los indios de la zona e hizo la fundación de una
nueva población española, Almaguer, en una
zona donde pudieron repartirse 8.000 indios a unos 40 españoles35.
En 1551 Alvaro de Pimentel fue a conquistar a Arma, donde
según Francisco González Granadino, provisor
del obispo de Popayán, dio muerte a más de
15.000 indios, "aperreándolos y empalándolos
y quemándolos vivos"36. Por último, Sebastián
Quintero fue a la provincia de los Cambis y Yalcones, donde
se sabía, desde 1545, que existían minas de
plata; allí fundó en 1551 la ciudad de San
Bartolomé de Cambis, que luego (¿1552?) cambió
su nombre por el de San Sebastián de La Plata37.
Con
esto quedaba dominada en lo esencial la región del
Valle del Cauca y de la altiplanicie del sur de Colombia.
Quedaban grandes vacíos, es cierto, como la zona
de la cordillera Central de Antioquia, y algunas otras áreas.
Pero ya la población española, con sus ganados
y sus cultivos, y acompañada por los esclavos negros
y la población servil indígena, se había
estabilizado y empezaba a transformarse de una sociedad
de conquista en la sociedad colonial, donde se trataría
de imitar, sin poder evitar que las nuevas condiciones de
las Indias impusieran frecuentes transformaciones, la vida
española.