ESTABLECIMIENTO
DE LA REAL AUDIENCIA
Nace el Nuevo Reino
Pasó
medio siglo antes de que se formalizara el poder político
en el territorio neogranadino.
Por
Rafael Antonio Díaz Díaz *
Casa
en la que funcionó la Real Audiencia en Santa Fe
de Bogotá
Luego de 50 años de presencia hispánica a
lo largo de la primera mitad del siglo XVI, en diversas
regiones del hoy territorio colombiano se hizo imperiosa
la necesidad de establecer un gobierno colonial que centralizara
funciones de carácter político, administrativo
y judicial, y que además significara la representación
directa del rey y de los aparatos político-administrativos
peninsulares. Esa institución, de larga tradición
en la historia de la península ibérica, era
la Audiencia Real, que para mediados del siglo XVI ya existía
en Santo Domingo, Nueva España y Perú.
Hasta
1550 ya existían en funcionamiento las primeras entidades
administrativas como las gobernaciones o los cabildos, a
cargo de un primer grupo de funcionarios civiles y religiosos.
Pero ellas no pudieron evitar que las regiones conquistadas
-Caribe continental, Popayán, Antioquia y el centro
andino- se hubieran convertido prácticamente en 'tierra
de nadie', lo que llegó a amenazar la soberanía
del rey. La expresión más importante de tal
amenaza se cifró en el creciente poder de los encomenderos,
que habían degradado en forma sustancial la condición
social de la población indígena, reduciéndola
a la explotación y la esclavitud. Paralelamente,
otros fenómenos hacían ingobernables los territorios.
Eran, entre otros, las profundas pugnas entre los conquistadores
por el reconocimiento de sus prerrogativas territoriales,
el choque entre los funcionarios por sus fueros políticos,
los desafueros cometidos frente a las primeras disposiciones
jurídicas y la continuidad de las campañas
de conquista que más bien eran aventuras para esclavizar
indígenas o para buscar las riquezas escondidas en
las sepulturas indígenas.
La
corona intentó frenar la anarquía con medidas
como la expedición en 1542 de las famosas, pero no
acatadas, Leyes Nuevas, que intentaban regular las encomiendas
y el usufructo del trabajo indígena. La promulgación
de este corpus jurídico generó rápidamente,
en muchas partes de Hispanoamérica, una cadena de
rebeliones encomenderas como la de Gonzalo Pizarro en el
Perú.
Ante
estos sucesos, el encargado de aplicar las Leyes Nuevas
en la Nueva Granada, el licenciado Juan Díaz de Armendáriz,
que vivió en carne propia las dificultades para aplicar
la justicia real, se cuenta entre los primeros en proponer,
probablemente hacia 1545 ó 1546, al Rey y al Consejo
de Indias la necesidad de crear y de establecer una Audiencia
Real como entidad central para administrar el territorio
del Nuevo Reino de Granada. Tal propuesta, al parecer, tuvo
acogida en la administración real metropolitana.
De la misma manera, diversos cabildos de ciudades neogranadinas
escribieron al rey en el mismo sentido y por la misma época.
De esta manera se inició un camino no exento de incertidumbres,
desafíos y ambivalencias en el establecimiento de
la primera Audiencia Real.
Curiosamente,
hasta ahora no se ha podido encontrar la prueba documental,
sea real cédula o real provisión, donde se
ordene la creación del alto tribunal para la Nueva
Granada. Se puede suponer que ello se haya producido en
1546, ya que el 15 de febrero de 1547 el Cabildo de Santafé,
en carta al rey, expresaba su satisfacción por "enviar
Audiencia Real, para que en justicia y razón nos
sustente". Es importante hacer notar que en esta misiva
los integrantes del cabildo santafereño dejaron traslucir
un conflicto con las cabezas políticas de las gobernaciones
al indicar que con la Audiencia Real "cesarán.
las muchas molestias, vejaciones y malos tratamientos que
en estas partes se reciben de gobernadores".
Desde
cuando se tomó la decisión de crear una Audiencia
Real hasta 1550, reinó la incertidumbre sobre el
lugar donde funcionaría el alto tribunal, lo que
forma parte de lo que se conoce como "el reino imaginado"
de las Indias. La Real Cédula del 7 de febrero de
1549 reiteraba el acuerdo de fundar la Audiencia Real, pero
expresaba que "hasta ahora no se sabe en qué
pueblo convendrá" hacer el asiento formal, y
que cuando eso se diera ordenaba alquilar la casa de un
vecino para su funcionamiento.
Sin
que ese detalle estuviera resuelto, el 21 de mayo de 1547
fue nombrado primer oidor el licenciado Juan de Galarza
y al alguacil mayor Juan Mendoza de Arteaga. En 1548 se
nombraron otros dos oidores, el licenciado Beltrán
de Góngora (junio 24) y Gutierre de Mercado (7 de
agosto), a quien se invistió como Presidente. El
17 de julio de 1549 se nombró como oidor a Francisco
Briceño. En ese mismo año se ordenó
la fabricación del sello real, emblema insustituible
y fundamental que formaba parte de la legitimidad que debía
acompañar la autoridad colonial. De la misma forma,
la Real Cédula del 27 de julio de 1549 ordenaba el
procedimiento ceremonial de la recepción del sello
real; se especificaba que los oidores, las justicias y los
regidores "del pueblo donde residiereis" debían
desplazarse a las afueras del sitio elegido a recibir el
sello real y conducirlo hasta el lugar fijado en "una
mula o. caballo bien aderezado con su palio encima, cuyas
varas lleven los regidores" y el oidor más antiguo.
En
carta al rey el 10 de noviembre de 1550, Galarza y Góngora
relatan la fase final del establecimiento de la Audiencia
Real: "Y de allí (de Vélez) partimos
para esta de Santafé, que está en medio de
esta provincia y es el pueblo de más buen asiento,
más principal, fértil y abundante que en ella
hay, donde por ser parte más conveniente fue necesario
de asentarse la Audiencia Real, la cual se asentó
a 7 de abril y se recibió el sello real de Vuestra
Majestad". De esta manera, la Audiencia tenía
asentamiento fijo y una fecha de referencia, a partir de
la cual empezaba a funcionar. De la misma manera, la corte
imperial en Madrid tardaría un tiempo en enterarse
del asiento del tribunal en Santafé. En efecto, la
Real Cédula del 15 de mayo de 1550 prorrogaba por
un año el término para que Miguel de Molina
se presentara como escribano de la Audiencia Real, "a
causa de no haber aún acabado de asentar la dicha
Audiencia".
De
estos primeros cuatro oidores sólo Galarza y Góngora
lograron llegar a Santafé y establecer la Audiencia
Real luego de una penosa travesía. Mercado murió
en Mompox y Briceño se dirigió a Popayán
para adelantar el juicio de residencia contra Sebastián
de Belalcázar.
A
los ocho meses de instalado el tribunal se dio un hecho
que ha sido amenaza de la memoria escrita en Colombia: el
incendio de los archivos. Como la Audiencia aún no
tenía lugar propio para su funcionamiento, el archivo
se encontraba en la casa del escribano de la Real Audiencia
Alonso Téllez. El 20 de diciembre de 1550 se desató
allí un fuerte incendio, lo que maltrató el
sello real y quemó "todos los procesos y escrituras
que en este Reino hasta entonces habían pasado".
Por ello la memoria del tribunal comienza en enero de 1551,
cuando se abrió el Libro de Acuerdos de la Audiencia
Real, cuya portada señala que "comenzó
a primero de enero de 1551, porque el libro que había
de Acuerdo, de lo que hasta allí había pasado
estaba en poder de Alonsso Téllez escribano de esta
Audiencia, quemóse en el incendio de su casa".
La
Audiencia Real, con sus oidores y funcionarios siguió
experimentando un sin fin de problemas tanto internos -choques
y rivalidades - como externos, dado el abanico de problemas
derivados del maltrato que los encomenderos infligían
en la población indígena, las ansias de enriquecimiento
rápido de los españoles, las pugnas entre
laicos y eclesiásticos -especialmente por los indígenas-,
el desacato a las normas por buena parte de la población
española y, en general, los intereses que había
consolidado la élite española. Igualmente,
la administración metropolitana y la Audiencia Real
debieron asumir el proceso de definir cuáles provincias
caían bajo su jurisdicción. Si bien la Audiencia
Real del Nuevo Reino de Granada había sido destinada
a constituirse en superior o pretorial regida por un presidente,
sólo en enero de 1564 Andrés Díaz Venero
de Leyva arribó a Santafé para asumir el cargo.
Habían pasado 14 años desde su establecimiento.
Ante las dificultades que imperaban en la Nueva Granada,
"tierra de todos y de nadie", Díaz Venero
de Leyva llegó con amplias facultades discrecionales
para manejar la Audiencia Real, aun con el derecho de tomar
decisiones políticas y administrativas sin consultar
necesariamente a los oidores y apoyado por un destacamento
de esclavos negros armados.
*Profesor
departamento de historia, Pontificia Universidad Javeriana